viernes, 10 de junio de 2011

¿Que los nuevos 40’s son los 30 de antes?

En unos 15 días, aproximadamente, cumpliré 46 años.
Como me dijo Julieta, mi esposa: nunca pensé en que un día tendría… Vaya, los que ella tiene, que son muchos menos que mis 46.
Y, bueno, pues yo tampoco nunca lo pensé. Que yo tendría 46, no que ella tendría… los que sean.
Y, como esas cosas que uno está dispuesto a escuchar, leer o atender cuando te ocupas de algo (ya sabes: la canción de desamor cuando acabas de romper con la galana; la dieta cuando estás en régimen; los daños del cigarro cuando estás intentando dejarlo, etcétera), esta semana he hablado con 4 amigos respecto a esto de la edad: 46 años.
Que si los nuevos 40’s son los 30`s de antes; que si uno es lo que uno proyecta o que si, wa, wa, wa, waaaaaaaaaa….
Nada. Estamos rucos.
Recuerdo cuando veía a mis padres en esta edad, y ya eran rucos! Muy rucos! Y, conste, no tengo nada en contra de la ruquez, porque estaría en contra de mi actual estado físico.
No, si ser ruco es chido, dirían.
Se tienen, neta, miles de ventajas por sobre ser joven: experiencia en todos los terrenos. Vaya, que de eso se trata la vida, no? De ir acumulando experiencias que nos permitan vivir felices.
Contra la juventud, tenemos una ventaja los rucos: en esta edad, aunque aparentemos estar atentos de todo y ser preocupones, la neta es que somos más vale madres con más cosas que cuando éramos jóvenes. En serio! Ya sabemos, pues, que al final del día no pasa nada, y que si pasa, hay que arreglarlo. No?
Somos menos aprehensivos que los jóvenes, porque aunque parezca que la nueva sociedad joven tiene menos apego por las cosas materiales y por las personas, la verdad es que es todo lo contrario: ellos sufren por usar una marca; nosotros la usaremos o no, pero no nos va la vida en ello, cierto? Yo, con que mi chingada BlackBerry pinche mil pesos me funcione, me basta y sobra. Yo, si mi Jaguar tiene un rayón, me vale madres; con que me leve y me traiga (jajaja, no tengo siquiera automóvil porque, neta, es una de esas 20 mil cosas que no necesito y no he necesitado para vivir). Y si una persona se va, la neta, no me agüito ni me acongojo. Me servirá, acaso, de pretexto para chelear y entintarme el alma, y al día siguiente, a seguir caminando. Mi hija, por ejemplo, anda en la sufridera por el noviecito. Pobre, es lo único que quisiera evitarle y es lo que menos puedo hacer: que sufra por un pendejo.
Le sigo?
Naaaaaaaaa. La verdad es que cada etapa tiene sus cosas lindas, y adecuarse en tiempos y en circunstancias es el gran valor de saber vivir cada uno su edad, su etapa.
Yo, listo para mis 46 años, he dejado de fumar hace dos meses, y estoy listo para retomar mi dieta porque, mal que bien, si no soy joven, no quiero sentirme de plano muy jodido y me gustará verme, con mis hermosos ojos verde, una vez más al espejo y decir: confieso que he vivido.
Creo que lo mejor, para mí, es no comprarme con los cuarentones de antes ni con los 20 añeros que fuimos hace 30… Yo, la neta, disfrutaré mi cumple si ese día tengo a mi lado a la hermosa mujer con la que me he casado y a la que tanto amo; la dulzura de mi hija, diciéndome sus “duh!”, el escándalo y el juego de dos pequeñines que se suman a la familia, y quizá, y sólo quizá, un buen plato de mole con pollo, ahora que todavía puedo comerlo sin que el estómago me haga desfiguros. Claro, y el resto de la familia, esa que es mi verdadera raíz y mi guía: mi madre, mis hermanas y sobrino.
Espero, también, un buen tequila y una tarde llena de sol y sombras. Eso será siempre disfrutable, así sean 46 ó 56 los que se cumplan.
Salud!