sábado, 26 de octubre de 2013

Son las 4 pm, y no he fumado; creo que encontré la manera de dejarlo.

Como todos mis logros, ésta no es ,motivo de aplauso ni de reconocimiento ni nada. Y si lo escribo es porque, en primer lugar me llena de orgullo a mí encontrar fórmulas que me hagan restar la ansiedad y el deseo compulsivo que me caracteriza en todo lo que me gusta. Y, en segundo, porque creo que si me funciona a mi, puede funcionarle a alguien más. Ahí les voy: Es sábado, 4 de la tarde y, tras una semana de intensa actividad profesional, créanlo: NO HE FUMADO EN TODO EL DÍA!!! Hace tiempo, cuando les contaba de mi dieta que me hizo bajar 16 kilos en 8 meses, reflexionaba en el por qué había podido dejar la droga, dejar de comer compulsivamente y por qué demonios no había podido dejar el cigarro. Y encontré la respuesta: necesitaba romper el hábito, igual que lo había hecho con la cocaína y con la comida. Hace unos dos meses, aproximadamente, hice un truco: si tenía que salir a trabajar a la calle, dejaría deliberadamente la cajetilla de cigarros en la casa, de manera tal que si se me antojaba fumar, compraría un cigarro suelto en el quiosco de periódicos. Confieso que, al tiempo, terminé comprando cajetillas y encendedores que dio gusto pero, luego, de verdad me hice el propósito de comprar sólo un cigarro y sólo si el antojo era demasiado y, como no disfruto fumar y caminar, pues poco a poco he dejado de fumar aunque, eso sí, en la noche es inevitable que me atasque unos 4 cigarrillos. Esta semana que recién terminó, ha sido decisiva, creo, y en este proceso, sin sufrirlo, me ha servido para darme cuenta que, al menos hoy, no tengo antojo de fumar y, finalmente, creo que estoy rompiendo el hábito. Igual que con mi dieta, no tuve que dejar de comer lo que me gusta, sino simplemente bajar las cantidades, irme en mitades y así, hasta lograrlo. Apliqué, de alguna manera, lo mismo para el cigarro y ahí la llevo. Vaya, ni yo puedo creerlo; son las 4pm, y no he fumado ni antojo tengo. Ojalá ésta sea la buena. Al menos, el primer paso que doy porque yo quiero.