lunes, 19 de enero de 2015

Cada quien su vida: mi punto de vista



No hablaré de la historia. Es un clásico, y asumo que muchos lo conocen y, si no, pues se lo pierden. Luis G. Basurto plasmó, aquí, un México que no cambia, que sufre, que llora, que vive en la angustia de nunca ser y nunca estar.
Y, como buen clásico, en alguna parte de la trama, el amor resuelve, salva, limpia.
Pero es tanto el dolor, tanta la miseria, que el desamor también permea, pega, lastima, duele, lacera.
Así es “Cada quien su vida”, un retrato del inframundo de un prostíbulo de los años… de cualquier año: dolor, desgarramiento, angustia, sufrimiento, risas, canción y pasiones desbordadas.
Uno a uno, los personajes desfilan, desnudan su cuerpo y alma, se descarnan, lastiman, golpean, sacuden, laceran al espectador y lo llevan del baile a la carcajada, al espasmo.
Está hecho: el autor ya cumplió al dejar un texto limpio, prístino, transparente, que con adaptaciones, algunas leves, se siente tan actual, siempre.
El resto, es labor de un elenco que teje, borda, se involucra y crea magia de la mano del director que, en 15 minutos, te tiene comiendo en su mano y te viaja a una época, a un tiempo lejano, cercano, actual, y te mete en circunstancia.
Así, las prostitutas, los padrotes, el cantinero, el mesero y una orquesta en vivo te hacen sentir en un tugurio donde, la muerte es salvación, alivio y sufrimiento.
Listo: un rompecabezas perfecto, limpio, que corre de canción en escena, de escena en pelea, de pelea en baile y ahí te ves, envuelto, sin poder moverte, sin poder hacer más que gozar-sufrir-gozar de un trabajo impecable; de esos, que se antojan, marcarán pauta en el teatro mexicano: Cada quien su vida.
Aplausos al productor que arriesga en un texto “viejo”, que no compra franquicia de hechura fácil y dada; aplausos al director que te lleva a las profundidades de un mundo que se antoja conocer, porque es actual: el político, los maestros, la vida galante y sus penurias.
Aplausos al elenco que, con talento y unas tablas del tamaño del Salón Los Ángeles, crean y recrean, en apenas dos horas, un espectáculo conmovedor, en el mejor de los sentidos.
Aplaudir a uno, por sobre otros, no sería justo. Por eso, un aplauso a todos, a todos, todos.
Cada quien su vida se convertirá en una de esas piezas que causarán revuelo, levantarán ámpula por lo bien hecho, por la entrega, por la pasión de sus hacedores, de sus protagonistas, de su gente detrás de escena y la que ahí, en el plató, entrega lo mejor de sí, que es mucho, y se agradece, siempre.
Cada quien su vida se presenta en el Salón Los Ángeles, viernes y sábados, con dos funciones por día.

Produce Rubén Lara; dirige Enrique Pineda, y actúan: Raquel Olmedo, Margarita Gralia, Ivonne Montero, Lourdes Munguía, Aída Pierce, Nora Velázquez, Raquel Garza, Luz Ramos; Mauricio Islas, Alberto Rojas “El Caballo”, Otto Sirgo, Erick Díaz, Ricardo Franco, Pepe Olivares, Alfonso Dávila y Pedro Romo.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Prin-ce-sa... no uses ese lenguaje... Educando a papá...

De oído selectivo, que le llaman.
Sin querer (lo juro), escuché un fragmento en una conversación de Ximena: 
"échale muchos huevos" y scratch!! Como disco rayado, de inmediato interrumpí tan animada charla telefónica para decirle:
"Criaturita, hijita mía, prin-ce-sa! No se oye bien que una niñita como tú tenga ese lenguaje soez, vulgar, procaz. Cuando podrías decir, sutilmente: échale ganas; hazlo con fuerza; ponle enjundia... no sé, hay tantas maneras de decirlo...", y en eso estaba, cuando ella me interrumpió con una carita que recordaré el resto de mi vida:
"Papá, le estoy dando una receta a Regina (su amiga, muy amiga)... nada, mi papá que quién sabe qué escuchó, amiga... Te decía, le pones muchos huevos, bates con la harina...".
Y justo así, me encuentro buscando la cara de vergüenza que se me cayó no sé dónde...
Ay!

jueves, 20 de noviembre de 2014

Adiós a las drogas... hace 14 años...

En estos días celebro 14 años del inicio de un proceso liberador: mi desintoxicación y mi liberación de las drogas. 
Muchos de ustedes vivieron conmigo este camino: mi familia, mi madre y mis hermanas, mi sobrino y mi hija; mis amigos, los que no se fueron pero supieron guardar distancia; los que han creído en mi, desde antes y desde siempre. A ellos, mi agradecimiento infinito. Y mi gratitud, lealtad y amistad al personaje que supo cómo guiarme y hacerme entender que salir de las drogad eran tan fácil: Leonardo Stemberg, un loco que por ahí anda, contagiando de su famosa técnica de entrenamiento mental: Contranálisis. Son tantos y tantos personajes y personas que me han acompañado en este camino, que sería injusto nombrarlas u omitirlas.
Gracias a todos, porque siguen formando parte de esta historia en la que, como Ave Fénix, surjo y re surjo cada día.

jueves, 23 de octubre de 2014

Cuando alguien quiere irse... es que ya se fue...

Cuando alguien quiere irse, ni pregunta. Toma sus maletas y emprende el viaje. 
A donde vayas, cuando quieras, te seguiré en pensamiento, en alma, en corazón. 
Respetaré tu decisión, aunque me duela, porque es de amor verdadero respetar los tiempos y las horas de quien quiere ser y estar, cuando se ha sido y se ha estado tanto tiempo... Una vida, quizá. 
Te amo así, de grande y cierto; te amo así, a gritos y en silencio. 
Y espero no despedirme, porque no podría ese dolor, otra vez.

Me gustas (Mis letras, para ti).

Me gusta una tarde soleada o lluviosa, y un café, un anís.
Me gustan tus ojos, y tu mirada, que enciende todo, incluso mis letras, mi texto.
Me gusta la lluvia.
Me gusta no pensar ni angustiarme por el mañana.
Me gusta olvidar el ayer, el pasado que no vuelve.
Me gustan tus besos, que saben a miel y a promesa.
Me gusta saberte y saberme tuyo.
Me gusta un cigarro, sin prisas, justo después de amarte.
Me gusta escribir. Me gustan mis letras, y el texto, contigo.
Me gusta un trago y tus canciones, las que cantas, las que encantas.
Me gusta amarte a la distancia, y ser tuyo, nomás porque sí.
Me gusta estar en ti, de la forma que sea, pero estar y ser, a cualquier hora.
Me gustan las horas que te pienso y, más, las que te tengo... y me tienes. Y somos. Nos pertenecemos.
Me gusta ser, lo que sea, y estar, donde sea.
Me gusta y amo escribirte, porque sé que me lees y me sabes tuyo, a través de estas letras.

domingo, 5 de octubre de 2014

Tiene sentido vivir?

Algunas, muchas veces, solía preguntarme si lo que hacemos tiene sentido: trabajar, formar (o no) una familia, producir, etcétera.
Hoy, por circunstancias, de esas que forman coyuntura, vengo a entender que el único propósito de la vida es, válgase, vivirla, disfrutarla; no más.
Y que, en el goce y disfrute, llega la gloria, la dicha inicua de perder el tiempo (que decía el maestro Leduc).
Disfrutar el camino y no, la meta porque ahí, todos llegamos al tiempo preciso y precioso, nunca antes; nunca, después.
Y debo decirlo, reconocerlo y agradecerlo: mi camino, acompañado de querencias tan entrañables, como el inigualable amor de mi familia, como el amor infinito que siento por Ximena, mis amigos-amigos, y el amor eventual de alguna mujer, es un camino glorioso, lleno de dicha plena (válgase la expresión).
Afortunado soy, pues, de seguir caminando.
Y lo que falta que, espero, sea suficiente.

sábado, 9 de agosto de 2014

Ayer te vi, después de tanto tiempo...

Ayer te vi, después de tantos meses ausentes...
Como si hubiera transcurrido un siglo, o un instante, apenas.
Mirarte así, como si mira aquello que nos parece extraordinario, único, maravilloso.
Fue darme cuenta que, por más que haya intentado, no te olvido.
Siempre estás, siempre has estado.
Verte, tan cerca, fue acercarme al abismo de tu infinita belleza, de tu infinita virtud.
Tantas emociones, tantos recuerdos; porque, para mí, el "tú y yo" tiene un significado especial, único; el "nosotros", una fortaleza que inspira, que crece y no cesa.
Admitir fascinación es, apenas, acercarme a lo que me provocas, lo que me haces sentir: poderoso y vulnerable al mismo tiempo.
Y, admito: no has cambiado nada; acaso, te vi mejor que nunca.
Pero (el "pero" que siempre aparece) lo nuestro no podrá ser más... jamás. Al menos no en este momento.
Como otras tantas veces, saldré huyendo, porque sé que contigo no puedo gobernarme y pierdo el control de lo que soy y lo que he sido y ya no quiero estar bajo tu suave yugo.
No puedo.
No quiero.
No debo.
Una vez más te dejaré en libertad, porque esclavizarme ante tu simple aroma no puedo.
Aunque estemos destinados a ser, ya no seremos.
Adiós, por tiempo indefinido, amado taco de suadero.