Hoy me darán fecha de operación para quitarme el pólipo de la cuerda vocal izquierda (la derecha, al parecer, está sana-sana, como colita de rana, a la otra le debo mi voz aguardientosamente sexy), y cuando eso ocurra (la operación, claro) tendré que permanecer silente, mudo, como película de Chaplin, durante OCHO DÍAS!
Ya estoy elaborando letreritos para sobrevivir decentemente en esos días.
Tengo varios, los más recurrentes:
1.- No me hagan hablar; acabo de ser operado de las cuerdas vocales.
2.- Qué la chingada! Que no puedo hablar! (porque no faltará el pendejo que me pregunte, no obstante haber leído el primer letrero: "¿Pues qué te pasó?")
3.- Bueno, que ¿no entiendes que no puedo hablar? (Por si acaso hubiera un necio que insistiera en el tema)
4.- Me da unos Camel.
5.- Me da una coca-cola zero.
6.- Deme 5 de suadero, "con todo".
7.- Un letrero en blanco para Ximena y los meseros de cualquier restaurante porque, hable uno o no, no me hacen caso nunca.
Eso resolverá mi inmediatez cotidiana.
Y para mis traslados en taxi a diferentes lugares de la ciudad, requiero urgente de tomar el curso "Marcel Marceau para principiantes", o jugar por horas enteras eso de "Adivínelo con señas".
Bueno, si eso no funcionara, recordaré todas las veces que me han pedido guardar un minuto de silencio y lo aplicaré durante los 11 mil quinientos 20 minutos que duran los 8 días.
Y ya si la suerte es enorme y aparece el amor de mi vida en esas fechas, pues no le diré "te amo", se lo demostraré a besos.
Ok, ya estoy delirando.
Luego les cuento cómo me fue en el médico esta tarde.
Relatos breves (a veces)de alguien que, confiesa, también ha vivido, ha muerto y ha vuelto a nacer en múltiples ocasiones. Un Fénix que resurge constantemente de sus cenizas.
jueves, 17 de septiembre de 2015
domingo, 6 de septiembre de 2015
Mis sueños, tan extraños...
La escena se desarrolla una mañana cualquiera, en un moderno salón de clases-auditorio-cancha de basquet.
En unos altavoces se escucha el clásico del orgullo-orgulloso y ochentero "YMCA", de Los Aldeanos.
-Mira, qué bien bailan todos, amor!!
-Sí, o sea... pues tenemos una clase semestral para esto, y ya te había contado.
-¿Cómo? Me dijiste que estaban montando una coreografía y que participabas en eso. O eso fue lo que entendí... ¿Un pinche semestre entero para aprender la coreografía de esta canción? ¿Neta?
-Pues sí, o sssssseaaaaaa -habla como si trajera una papa en la garganta-, si te dije, 'páaaaaa.
-O ssssssssssea -la imita-, pues sí me dijiste, 'já, pero te entendí que era UNA PINCHE CLASE, NO UN PUTO SEMESTRE!! O sssssssseaaaaa, ¿estoy pagando una escuela para que aprendas coreografías de estos %/&%(#"))(/ ochenteros?
-Ay, o ssssssea; sale, bye, 'pá.
-Ximena... Ximena... XIMENA!!!
Pinche sueño tan horrible y raro. Ahí me desperté. No sé qué me causaba más angustia, si pagar por algo que en mi sueño no creía que valdría la pena; si era el tema tan nefastamente emblemático de estos emblemáticos orgullosos de su orgullo ochentero, o si era la recién e incrustada papa en la boca con la que me hablaba Ximena...
Lo cierto es que no vuelvo a cenar tan pesado y menos a las 4 de la mañana.
Tengan excelente día, ternuros, orgullosos y no orgullosos del lado que mastican.
En unos altavoces se escucha el clásico del orgullo-orgulloso y ochentero "YMCA", de Los Aldeanos.
-Mira, qué bien bailan todos, amor!!
-Sí, o sea... pues tenemos una clase semestral para esto, y ya te había contado.
-¿Cómo? Me dijiste que estaban montando una coreografía y que participabas en eso. O eso fue lo que entendí... ¿Un pinche semestre entero para aprender la coreografía de esta canción? ¿Neta?
-Pues sí, o sssssseaaaaaa -habla como si trajera una papa en la garganta-, si te dije, 'páaaaaa.
-O ssssssssssea -la imita-, pues sí me dijiste, 'já, pero te entendí que era UNA PINCHE CLASE, NO UN PUTO SEMESTRE!! O sssssssseaaaaa, ¿estoy pagando una escuela para que aprendas coreografías de estos %/&%(#"))(/ ochenteros?
-Ay, o ssssssea; sale, bye, 'pá.
-Ximena... Ximena... XIMENA!!!
Pinche sueño tan horrible y raro. Ahí me desperté. No sé qué me causaba más angustia, si pagar por algo que en mi sueño no creía que valdría la pena; si era el tema tan nefastamente emblemático de estos emblemáticos orgullosos de su orgullo ochentero, o si era la recién e incrustada papa en la boca con la que me hablaba Ximena...
Lo cierto es que no vuelvo a cenar tan pesado y menos a las 4 de la mañana.
Tengan excelente día, ternuros, orgullosos y no orgullosos del lado que mastican.
domingo, 16 de agosto de 2015
Mi texto standopero...
Hola, mi nombre es Víctor Hugo y en el mundo de la farándula
me conocen como “HijodeVecino”, aunque con esta cara de cadenero de antro muchos
piensan que soy el hijo de la guayaba… y no, déjenme decirles que no, que la
guayaba no era mi mamá… era mi tía.
Mi mamá era la tostada... Sí, la incineramos.
Yo soy periodista desde hace 28 años.
Escritor, pues.
Y soy escritor porque desde chavito me encanta todo lo que tenga que ver con
el texto, me encantan las letras, las palabras, las teclas… también de la
máquina de escribir… las comas, los puntos, los acentos y, más recientemente,
me he hecho fan del asterisco.
Digamos que soy un TEXTO SERVIDOR…
Porque siempre he vendido mi texto al mejor postor.
Y como aquí se trata de subir
al escenario a desnudarse… el alma, no se apuren…
Desde muy pequeño tuve mi primer encuentro textual. Yo tenía apenas 14 años y me encontré
con la libreta de una vecinita de 16… era una libreta rosita, muy suavecita,
que olía a jabón de papaya.
Ella se llamaba Martha, ella se llamaba así, ella se llamaba
Martha, se llamaba Martha, se llamaba así.
Y tenía una máquina de escribir preciosa, menudita con unas
teclas firmes, que provocaban estar pegado a ellas todo el tiempo.
Yo creo que ahí fue donde me hice adicto al texto.
Recuerdo que todas las tardes iba a su casa y le pegábamos al
texto por horas… bueno en realidad por minutos, porque a esa edad se te escurre
la tinta muy rápido.
Pero en mi defensa les diré que a esa edad por lo menos se me
escurría 5 veces seguidas.
El primer texto por el que me pagaron fue a mis 21 años, en
el periódico El Heraldo de México… para conseguir ese trabajo tuve que pagar
derecho de piso como todos los del medio lo hacemos.
En mi caso, yo tuve que darle texto gratuito a una señora
mucho más grande que yo durante 8 meses… Ella era como una carpeta de esas
gordas, de archivo, con un agujerote en medio… de esas carpetas que se cuelgan
cuando levantan la bisagra.
Pero eso no era lo peor, lo peor fue que cuando tuve que
escribir por primera vez ahí me di cuenta que sus hojas estaban llenas de
rayas… estrías pues.
Y parecían hechas de papel picado… por la celulitis, pues.
Pero la verdad es que ella me enseñó el arte del buen texto… Ese pausado,
lento, y luego vigoroso para terminar en punto final y no dejarla en
suspensivos…
¿Qué quieren? No puedo negarlo: VIVO PENSANDO EN TEXTO TODO
EL TIEMPO.
IGUAL QUE USTEDES,
NO SE HAGAN.
Es como una deformación
profesional.
Sí, como el dentista que cuando platicas con él fuera de su
consultorio, nomás está
esperando que abras la boca para fijarse si hay algo mal; como el nutriólogo
que apenas espera la oportunidad para asestarte un “no te caería mal bajar de peso”
o como el proctólogo que nada más espera que te descuides para darte una
checadita… y qué molesto; yo no vuelvo a bañarme con uno.
Por cierto, ya me toca revisión… Qué rico… digo, qué rico se hará
ese proctólogo.
Y es que yo voy dos veces a la semana para evitar cualquier
sospecha…
Así, mis días, mis noches, mis horas transcurren pensando en
texto… Y escribiendo…
Aunque cada vez escribo menos de lo que yo quisiera porque
acabo de cumplir 50 años… y… bueno… a
los 50 la tinta escasea, escribes una (o “media”) cuartilla y te quedas
dormido, y ya no todas las libretas se te antojan para echarles un plumazo.
Y es que, a 28 años de ser un profesional del texto, creo que
estoy entrando en crisis.
Tengo un miedo terrible de que, pues a esta edad, la tinta
empiece a secarse y que la pluma apenas me dé para un buen tuit, o de perdis un
“una publicación en” facebook… y comienzo a extrañar la época en que todo el día era
texto, texto, texto… ya fuera en una bonita libreta nueva, bien formadita, de
esas de veintitantas hojas, como de taquigrafía, con su espiral firme… sus
hojas sin rayar…
Aunque admito que, cuando fue mucha la urgencia, dos o tres
veces hasta me atreví a escribir en el papel de estrasa con el que envolvían
las tortillas, y no me digan que ustedes nunca se echaron una galleta de
animalitos…
Bueno, ya vi que algunos de ustedes SIGUEN COMIENDO GALLETAS
DE ANIMALITOS…Tengo amigos que hasta se casaron con sus galletas..
Y nada, que de chavo escribes y escribes y arrojas tinta a lo
pendejo, sin pensar que ese texto quedará como testimonio de una buena
lectura… y que tus letras te recomiendan con otras lectoras…
Porque, aunque lo nieguen, las mujeres también hablan con
otras mujeres de sus relaciones textuales… “¡¡Ay, Fabiola, no sabes qué rico
escribe el hijodevecino, y qué plumota…!!”
Y a mí siempre me han recomendado bien… No por nada mi pluma
es como las que usaba Shakespeare… 15 centímetros, punta de diamante. Aunque ya
un poco obsoleta… y ya no hay tinteros de esa medida…
Extraño esa época en la que la pluma siempre estaba
dispuesta, ya fuera en libretas nuevas, de pocas hojas, con buen forro, o hasta
libretas viejas, de esas gordas en las que nadie quiere escribir y tú traías la
pluma llena y, pues, chingue a su madre… como decimos los escritores: Un textín
rapidín no se le niega a nadie.
Pero en aquel entonces tenía 20, 30…
Porque cuando cumples 50… Te vuelves selectivo. MUY
SELECTIVO!
Te inventas que vale más calidad que cantidad, y buscas,
afanoso, que el texto que te vas a aventar sorprenda, provoque suspiros,
gritos, que emocione… porque a los 50 ya dominas la técnica, te sabes los
atajos, usas hasta la doble raya del cuaderno y la cuadrícula grande, y aplicas
todos tus trucos… y, aún así, apenas puedes echarte dos textos seguidos…
Bueno, bueno. UNO, pero bien escrito. Con final feliz.
¡Caray! Qué bonitas, las épocas en que era bitextual..
O sea que podía con dos libretas al mismo tiempo…
Porque ése es el sueño de todos: imagínense dos libretas que se juntan, se
acomodan una encima de otra, que juegan con tu pluma, que entrelazan sus hojas
mientras te miran sonriendo… ¡Uff, mejor no sigo porque se me va a chorrear la
tinta frente a ustedes!
Hoy: o escribo en una o leo en otra; a mis 50 ni siquiera
puedo voltear a ver una libreta nueva porque ya me están acusando de acoso
textual… y eso duele porque… créanlo o no, durante muchos años fui considerado
un símbolo textual…
¿Ya se dieron cuenta que sí me dolió cumplir 50?
Pero cumplir 50 tiene sus ventajas. Como darte cuenta de esa
doble moral que manejamos toooooodooooooos porque, me queda claro que si hoy se
me ocurre mirar de manera lujuriosa a una mujer, no me le acabo y casi-casi
hasta voy a dar a la cárcel por acoso.
Como la semana pasada, les juro que por poco le hablan a la
patrulla cuando fui a comprar un pinche helado con mi hija, sólo porque me
ocurrió lo siguiente:
-¿Cuánto es del helado doble de la niña?
-¿De qué sabor son sus bolas?
-Mta, no sé… MIS BOLAS?
-ES USTED UN VULGAR!!
-Y usted una pendeja...
Pero, claro, ese problema me sucede porque tengo 50 años. Si
hubiera tenido 23, cuando yo estaba en mi mero mole, les juro que ella misma me
habría dicho: no te apures, yo investigo a qué saben.
Con los años, lo que antes era una gracia, hoy se convierte
en una desgracia.
Como cuando me divorcié la primera vez (ey, llevo tres
divorcios) y, bueno, estuve varios años soltero; al tiempo, mis cuates me
dijeron que entrara a las redes sociales para ligar. Yo me dije: ah, chingá,
ligar en las redes sociales? A ver… Entré a una cosa que se llama Twitter,
y…OMG, lo que encontré…Me hice “amigo” de una rubia europea,
despampanante, de esas mujeres que te hacen cometer cualquier locura… a las dos
horas de conocernos me dijo:
-Has probado el cyber sex?
-El quéeeee? Le dije
-El sexo por internet… anda, prende tu webcam, y salgamos de
esta red…
Y yo, nuevo en esto de usar la computadora, pues le dije que
lo intentaría.
Y en chinga me fui por un protector de pantalla. Ah, sí, yo
no iba a pescar un pinche virus en mi computadora por andar de caliente…
Y una vez instalado en la webcam le pregunté qué debíamos hacer, y en eso
estaba cuando ella comenzó a decirme cosas muy cachondas y, pues uno no es de
hule, y comenzamos a decirnos cositas, y ella comenzó a quitarse la ropa… y me
pidió que hiciera lo mismo… y en eso estaba, a dos de bajarme el pantalón y
dejarle saber quién mandaba, cuando los empleados del Starbucks me sacaron a
empujones del lugar…
Pero, bueno, como Pablo Neruda, diré:
“Confieso que he vivido”, y que en estos 50 años he escrito
en infinidad de libretas, de hojas sueltas, servilletas, pañuelos; cuadernos
nacionales y de importación, y Que hoy estoy donde quiero estar, aquí, ante ustedes, trémulo
y ebrio de gozo y trementina, intentando reírme de mi mismo.
martes, 28 de julio de 2015
Del adiós, al no te olvido...
A veces quisiera escribirte, como cuando me leías, y mis letras transformaban nuestro mundo...
Pero pienso... Que mis letras-perros no te ladren; que mis palabras-fauces no te muerdan...
Cada vez, más lejana la fruta; cada vez, más distante el hambre...
Y así te recuerdo:
Sus letras no eran de autor, pero escribía... Sus piernas no eran fuertes, pero bailaba... y su voz, un desastre, pero cantaba y me encantaba... Sus manos dibujaban en el aire flores, sueños...
Me gustaban de ti los excesos, y del amor y el odio, prefiero amar al infinito, y del odio, prefiero olvidar.. Cuando no puedo, de tanto odio, recordarte...
Me gusta la silueta de un árbol en la tarde crepuscular...
Me gusta el sonido del viento entre las ramas, y las hojas al pisar...
Así eran nuestras pocas tardes, nuestras infinitas y contadas noches; revoltura de deseos reprimidos, de alcohol y tantos besos, tantas veces...
Te dejo, pues, éstas, mis últimas letras para ti... y mi olvido.
viernes, 10 de julio de 2015
Mi noche en el StandUp: debut y ¿despedida?
¡No, no, no, no, no, no,no, no, no, no, no, no, no, no y NO!
Lo mío no es el escenario.
Debo admitirlo: no nací para eso.
Ayer me fue del nabo. Sí, del NA-BO.
Se me cerró la garganta, se me olvidaron mis textos... ¡¡Fue HO-RRI-BLE!!
Pero, ¿saben qué?
La adrenalina que sentí fue exactamente la que, imagino, habría sentido de haberme subido al paracaídas: ¡¡i-gua-li-to!!
¡¡No mames, la emoción!!
Gracias a todos los que fueron, gracias especiales a mis amigos que se subieron al escenario, secundando mi locura: Gil, Susana, Gustavo, gracias.
Gracias a mis maestros Lisi y Jurgan, adorables; es un honor ser su RP y su alumno (¿pasé de panzazo?, jajajaja).
A mi nuevo gran amigo y ser de excepcional generosidad: Alex Herrera.
Gracias a quienes me acompañaron esa noche a ver cómo me aventaba del paracaídas sin paracaídas (si alguno se me olvida, mil disculpas: estaba ebrio de gozo y trementina... y algo de tequila):
Segura, y mis Gabrielas. Lealtad a prueba de balas.
Claudia Pacheco, Addis Tuñón (gracias, mil, por tus palabras), Ilse Lazcanooooooooooooooooo de mi amor y a tu marido; Karla Danae (mi'jita, ya estoy listo), Hilda Isa y marido; mi querido Enrique Ortega y mujer; don Rogelio Ramos (cátedra de standup, gracias, gracias, gracias), Gon Curiel (eres lo más, lo más...), Mario Almaguer, Mario Rojas (cabrón, te quiero; gracias por esa sonrisa y ese abrazo al final); Emilio y Ángel (LOS A-DO-RO); mis hermanas Iliana y Gabriela (las amo con locura y les agradezco infinitamente su apoyo incondicional en todos mis aciertos y en todas mis locuras); Ana Verónica (no sabes lo bien que me hace recuperarte en mi vida: te adoro); mis nuevos amigos standoperos Alberto y Julio (tengo tanto que aprenderles!), Paco Colmenero (eres infinitamente un encanto encantador), mi querido y admirado Jorge Mendoza (cabrete, siguen pendientes los tacos)... Pepe Zepeda, no mames, no mames, no mames: increíble, verte ahí, aplaudiendo: te adoro... Arturo Flores, Soraya; gracias, gracias, gracias...
Gabriela Guzman, Alfa, Johnatan: GRACIAS! Los quiero, mil!
Gracias infinitas y especiales a la más popular de la noche: Ximena, que robó cámara y que me hizo más dulce el amargo trago del olvido, cuando me entregó un ramo de flores. Eres, tú, el mejor regalo que me ha dado la vida y siempre, cada paso, cada cosa que hago, tratarán de honrarte.
A mis padres que, donde sea, sé que me vieron.
¡Ay, espero que no se me olvide nadie..!
Si se me olvidó el texto en el escenario, jajajaja...
Pero, ¿qué creen?
Como Shwarzzeneger: I'll be back.
Esta espinita no se me queda atorada.
Regresaré y lo haré mejor, porque quiero y se me da la gana.
LOS AMO, DE AMAR-AMOR; ASÍ DE LINDO SOY.
Lo mío no es el escenario.
Debo admitirlo: no nací para eso.
Ayer me fue del nabo. Sí, del NA-BO.
Se me cerró la garganta, se me olvidaron mis textos... ¡¡Fue HO-RRI-BLE!!
Pero, ¿saben qué?
La adrenalina que sentí fue exactamente la que, imagino, habría sentido de haberme subido al paracaídas: ¡¡i-gua-li-to!!
¡¡No mames, la emoción!!
Gracias a todos los que fueron, gracias especiales a mis amigos que se subieron al escenario, secundando mi locura: Gil, Susana, Gustavo, gracias.
Gracias a mis maestros Lisi y Jurgan, adorables; es un honor ser su RP y su alumno (¿pasé de panzazo?, jajajaja).
A mi nuevo gran amigo y ser de excepcional generosidad: Alex Herrera.
Gracias a quienes me acompañaron esa noche a ver cómo me aventaba del paracaídas sin paracaídas (si alguno se me olvida, mil disculpas: estaba ebrio de gozo y trementina... y algo de tequila):
Segura, y mis Gabrielas. Lealtad a prueba de balas.
Claudia Pacheco, Addis Tuñón (gracias, mil, por tus palabras), Ilse Lazcanooooooooooooooooo de mi amor y a tu marido; Karla Danae (mi'jita, ya estoy listo), Hilda Isa y marido; mi querido Enrique Ortega y mujer; don Rogelio Ramos (cátedra de standup, gracias, gracias, gracias), Gon Curiel (eres lo más, lo más...), Mario Almaguer, Mario Rojas (cabrón, te quiero; gracias por esa sonrisa y ese abrazo al final); Emilio y Ángel (LOS A-DO-RO); mis hermanas Iliana y Gabriela (las amo con locura y les agradezco infinitamente su apoyo incondicional en todos mis aciertos y en todas mis locuras); Ana Verónica (no sabes lo bien que me hace recuperarte en mi vida: te adoro); mis nuevos amigos standoperos Alberto y Julio (tengo tanto que aprenderles!), Paco Colmenero (eres infinitamente un encanto encantador), mi querido y admirado Jorge Mendoza (cabrete, siguen pendientes los tacos)... Pepe Zepeda, no mames, no mames, no mames: increíble, verte ahí, aplaudiendo: te adoro... Arturo Flores, Soraya; gracias, gracias, gracias...
Gabriela Guzman, Alfa, Johnatan: GRACIAS! Los quiero, mil!
Gracias infinitas y especiales a la más popular de la noche: Ximena, que robó cámara y que me hizo más dulce el amargo trago del olvido, cuando me entregó un ramo de flores. Eres, tú, el mejor regalo que me ha dado la vida y siempre, cada paso, cada cosa que hago, tratarán de honrarte.
A mis padres que, donde sea, sé que me vieron.
¡Ay, espero que no se me olvide nadie..!
Si se me olvidó el texto en el escenario, jajajaja...
Pero, ¿qué creen?
Como Shwarzzeneger: I'll be back.
Esta espinita no se me queda atorada.
Regresaré y lo haré mejor, porque quiero y se me da la gana.
LOS AMO, DE AMAR-AMOR; ASÍ DE LINDO SOY.
jueves, 2 de julio de 2015
Mis 3 encuentros con Jacobo Zabludovsky
Tuve pocas oportunidades de coincidir y conocer a Jacobo
Zabludovsky.
Una, la primera, en 1989, justo el día en que falleció mi
abuela materna Pina, y yo había esperado ansioso esa entrevista con JZ para El
Heraldo de México. Y no, no fui al velorio ni a los funerales de mi abuela, por
atender mi trabajo.
Fue una entrevista larga, como de una hora, y recuerdo
perfecto cuando Jacobo encendía su terminal de computadora para decirme:
"mira la maravilla de la tecnología: toda la información del mundo, en
esta pantalla".
Se trataba de una computadora de esas viejas (moderna en aquel
entonces, se sobre entiende), donde solo había texto en verde, y el cursor era
un cuadrito parpadeante. Todos los cables, que antes llegaban por teletipo,
estaban ahí.
De esa entrevista y su publicación, recuerdo, don Jacobo
invitó a comer a mi jefe para agradecerle el espacio, y a mí me envió una carta
dándome las gracias "por tan excelente entrevista, escrita con cariño y
admiración inmerecidos", recuerdo perfectamente.
Y es que, la verdad, muy rojillo y muy lo que quieran, yo
acababa de salir de la UNAM y no tenía más que admiración por el periodista,
sin importar lo que de Televisa siempre hemos dicho a nivel escuela y a nivel
personal y mi entrevista fue, a decir verdad, un panegírico exacerbado hacia la
labor del maestro.
Y es que, las cosas que me hicieron ser periodista son: las
crónicas de Jacobo Zabludovsky, las entrevistas de Ricardo Rocha, el libro "Crónica
de una muerte anunciada", la película “El ciudadano Kane”, las columnas de
Leopoldo Meraz “El Reportero COR” (“El fabricante de estrellas”, que publicaba
en El Universal”) y mis infinitas tardes leyendo el Excélsior de los años 70’s
y 80’s.
Al paso del tiempo, llegué a ser jefe de prensa de Televisa.
Y recuerdo que don Jacobo me llamó una tarde para citarme en su oficina en Chapultepec,
a la cual acudí de inmediato.
“Víctor Hugo, me darán el reconocimiento de la Legión
Francesa, y quiero que me ayude a darle difusión, que enviemos un boletín y lo
que usted sugiera que deba hacerse”, dijo, tajante, lacónico.
Hicimos lo que se debe en esos casos: boletín, entrevistas,
cobertura del reconocimiento, y a los pocos días envió a mi oficina una carta: “gracias
por su cariñoso apoyo”.
Él sabía que yo era fan, me queda claro. Porque, puedo
asegurarlo, para muchos de mis colegas de esa época, encontrarse con Jacobo era
como para los fans de Luis Miguel: era ver a su máxima estrella. Y me
disculparán quienes digan lo contrario. Éramos fans de esos periodistas, sin
importar todo lo que de ellos se dijo y se sigue diciendo.
La tercera ocasión, tiene su propia historia.
Tan buena chamba les hice en Televisa, que en más de una
ocasión reconcilié los intereses de la empresa con los intereses editoriales de
otras, y en una ocasión junté a tres ejecutivos de alto pedorraje (cuyos nombres omitiré para no meterme en
pedos innecesarios), con un alto director editorial de un diario de circulación
nacional (cuyo nombre y medio también omitiré, por las mismas causas) en una
comida que tuvo sus graves consecuencias.
Yo no asistí a esa comida, per o a las pocas horas supe lo
que en ella había ocurrido: como una muestras de las ganas de “colaborar” con
ese medio, los tres tristes tigres habían pactado con aquel un intercambio
informativo: la salida de Abraham Zabludovsky de Televisa, tomando como pretexto
los sucios y puercos nexos de AZ con los dirigentes de Ruta 100.
A las 21.00 horas de ese día, el teléfono de mi oficina en
Televisa sonó. Era uno de mis jefes. “Estamos en casa de uno de los dueños de
Televisa –no lo dijo así, obviamente-, y pasó esto… No sabemos si aquel cuate –el
director editorial de un diario de circulación nacional- nos vaya a balconear;
le dimos esa nota y ahora estamos cagados de miedo que vaya a publicar nuestros
nombres”.
Se escuchaba literalmente angustiado. Y pedo. Y angustiado.
Y muy pedo.
“Ayúdanos; el jefe te recompensará”, dijo.
“Necesitamos saber si en la noticia saldrá mañana en la
portada del diario”, dijo y colgó.
Afanoso, y sin importar lo complicado del
encargo, indagué y luego de tres llamadas de “¿ya sabes algo?”, pude darle la
noticia:
“Sí, la nota es LA PORTADA de mañana en ese diario”.
“Vientos, Víctor Hugo… ahora necesitamos que consigas LA
NOTA”.
Casi a la media noche, y luego de hablar con muchas
personas, muchos contactos y amigos que, al tiempo, pagaron caro su ayuda a este jefe de prensa, no sólo supe qué
decía la nota. ¡TUVE UNA COPIA DE LA NOTA!
La mandé por fax a casa de uno de los dueños de Televisa y, cabe decir,
fui el héroe de la noche.
Esa nota desencadenó el despido de Abraham y, al poco tiempo,
la solidaria renuncia de Jacobo a Televisa,
lo cual provocó que por tercera ocasión me juntara y reuniera con él en su
oficina de Chapultepec.
El tema: su salida de la empresa.
Y la historia que todos saben. Una fiesta, un desfile
impresionante de artistas, empleados, periodistas externos, que despidieron al
gran Jacobo cuando, al aire, él le dijo a Guillermo Ortega Ruiz, cuando aquel
quiso ser grandilocuente al decirle “Nos deja una silla enorme qué llenar”, la
frase lapidaria: “Tendrás el éxito que te mereces”.
Al tiempo, y a la llegada de Emilio Azcárraga Jean, aquel
grupo de ejecutivos que se quejaban de la nula credibilidad de Jacobo al frente
de los noticieros de la empresa, construyeron exactamente lo mismo. Pero,
bueno, ésa es otra historia.
Descanse en paz, Jacobo Zabludovsky.
jueves, 25 de junio de 2015
Mis 50 años: la dicha y la gloria de ser un Fénix, siempre.
Alguien me sugirió que, a punto de cumplir 50 años, hiciera
mi lista de las cosas que me falta por hacer, que quisiera hacer y que no he
hecho.
Sonaba divertido, pero en verdad creo que el asunto está
hacer el recuento de las cosas que sí he logrado, las que he realizado, los
sueños alcanzados en este medio siglo.
Y no, no aburriré al querido lector con una retahíla
infumable de eventos.
Seré breve, hasta eso:
1.- Infancia feliz. Con algunas carencias que, al final, me
hacen ser el trabajador apasionado de lo que hago.
2.- Padres maravillosos, hermanas increíbles.
3.- He amado, me han amado. He sido y sigo siendo
infinitamente afortunado con las mujeres.
4.- He reído toneladas de veces. Válgase la expresión.
5.- He tenido amigos entrañables, y muchos. Yo tendría que
ser marciano para contar a mis amigos con los dedos de muchas manos.
6.- Encontré el trabajo, profesión, oficio que amo: el
periodismo y su variante de las Relaciones Públicas. Es como mi juego de niño:
aunque me llamen a comer o a meterme porque llueve, siempre querré seguir
jugando "un ratito más!".
7.- Ya escribí varios libros. Unos, a pedido; no aparezco yo
como el autor, pero son míos.
8.- Sembré árboles y hortalizas.
9.- Tengo una hija que amo con el amor más profundo del
mundo, el más honesto, el más sincero y el más entregado.
10.- He trabajado para empresas muy importantes,
especialmente la mía: HijodevecinoRP.
11.- He comido con Dios y he desayunado con el Diablo. Y
prefiero cenar conmigo mismo.
12.- De mis infiernos, prefiero ese donde me quemo de amor
por una mujer.
13.- Entré y salí de las drogas.
14.- Recuperé la vista, luego de estar tuerto 5 años.
15.- Conocí el Contranalisis de Leonardo Stemberg y sí,
créanlo o no, soy feliz 24/7/365. Mi felicidad no es euforia, sino una paz
interior que nadie ni nada derriba.
16.- Soy un consentido de Dios. Somos cuates, y hemos
hablado varias veces. Quienes de verdad me conocen, saben de esos episodios.
Y es así, que resumo mis días y las cosas que verdaderamente
tienen relevancia en mi vida.
Y hoy, justo hoy y mañana, justo mañana, pasaré mi fiesta
trabajando porque, algo de inmadurez y pendejada hay en mi, cuando siento que
es "de buena suerte" atravesar el ciclo trabajando.
Sean dichosos, ternurines de luz de foco ahorrador.
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