domingo, 16 de agosto de 2015

Mi texto standopero...

Hola, mi nombre es Víctor Hugo y en el mundo de la farándula me conocen como “HijodeVecino”, aunque con esta cara de cadenero de antro muchos piensan que soy el hijo de la guayaba… y no, déjenme decirles que no, que la guayaba no era mi mamá… era mi tía.

Mi mamá era la tostada... Sí, la incineramos.

Yo soy periodista desde hace 28 años.
Escritor, pues.
Y soy escritor porque desde chavito me encanta todo lo que tenga que ver con el texto, me encantan las letras, las palabras, las teclas… también de la máquina de escribir… las comas, los puntos, los acentos y, más recientemente, me he hecho fan del asterisco.

Digamos que soy un TEXTO SERVIDOR…

Porque siempre he vendido mi texto al mejor postor.

Y como aquí se trata de subir al escenario a desnudarse… el alma, no se apuren…


Desde muy pequeño tuve mi primer encuentro textual. Yo tenía apenas 14 años y me encontré con la libreta de una vecinita de 16… era una libreta rosita, muy suavecita, que olía a jabón de papaya.

Ella se llamaba Martha, ella se llamaba así, ella se llamaba Martha, se llamaba Martha, se llamaba así.

Y tenía una máquina de escribir preciosa, menudita con unas teclas firmes, que provocaban estar pegado a ellas todo el tiempo.

Yo creo que ahí fue donde me hice adicto al texto.

Recuerdo que todas las tardes iba a su casa y le pegábamos al texto por horas… bueno en realidad por minutos, porque a esa edad se te escurre la tinta muy rápido.

Pero en mi defensa les diré que a esa edad por lo menos se me escurría 5 veces seguidas.


El primer texto por el que me pagaron fue a mis 21 años, en el periódico El Heraldo de México… para conseguir ese trabajo tuve que pagar derecho de piso como todos los del medio lo hacemos.

En mi caso, yo tuve que darle texto gratuito a una señora mucho más grande que yo durante 8 meses… Ella era como una carpeta de esas gordas, de archivo, con un agujerote en medio… de esas carpetas que se cuelgan cuando levantan la bisagra.

Pero eso no era lo peor, lo peor fue que cuando tuve que escribir por primera vez ahí me di cuenta que sus hojas estaban llenas de rayas… estrías pues.

Y parecían hechas de papel picado… por la celulitis, pues.

Pero la verdad es que ella me enseñó el arte del buen texto… Ese pausado, lento, y luego vigoroso para terminar en punto final y no dejarla en suspensivos…


¿Qué quieren? No puedo negarlo: VIVO PENSANDO EN TEXTO TODO EL TIEMPO.

IGUAL QUE USTEDES, NO SE HAGAN.

Es como una deformación profesional.

Sí, como el dentista que cuando platicas con él fuera de su consultorio, nomás está esperando que abras la boca para fijarse si hay algo mal; como el nutriólogo que apenas espera la oportunidad para asestarte un “no te caería mal bajar de peso” o como el proctólogo que nada más espera que te descuides para darte una checadita… y qué molesto; yo no vuelvo a bañarme con uno.

Por cierto, ya me toca revisión… Qué rico… digo, qué rico se hará ese proctólogo.

Y es que yo voy dos veces a la semana para evitar cualquier sospecha…


Así, mis días, mis noches, mis horas transcurren pensando en texto… Y escribiendo…

Aunque cada vez escribo menos de lo que yo quisiera porque acabo de cumplir 50 años…  y… bueno… a los 50 la tinta escasea, escribes una (o “media”) cuartilla y te quedas dormido, y ya no todas las libretas se te antojan para echarles un plumazo.

Y es que, a 28 años de ser un profesional del texto, creo que estoy entrando en crisis.

Tengo un miedo terrible de que, pues a esta edad, la tinta empiece a secarse y que la pluma apenas me dé para un buen tuit, o de perdis un “una publicación en” facebook… y comienzo a extrañar la época en que todo el día era texto, texto, texto… ya fuera en una bonita libreta nueva, bien formadita, de esas de veintitantas hojas, como de taquigrafía, con su espiral firme… sus hojas sin rayar…

Aunque admito que, cuando fue mucha la urgencia, dos o tres veces hasta me atreví a escribir en el papel de estrasa con el que envolvían las tortillas, y no me digan que ustedes nunca se echaron una galleta de animalitos…
Bueno, ya vi que algunos de ustedes SIGUEN COMIENDO GALLETAS DE ANIMALITOS…Tengo amigos que hasta se casaron con sus galletas..

Y nada, que de chavo escribes y escribes y arrojas tinta a lo pendejo, sin pensar que ese texto quedará como testimonio  de una buena lectura… y que tus letras te recomiendan con otras lectoras…

Porque, aunque lo nieguen, las mujeres también hablan con otras mujeres de sus relaciones textuales… “¡¡Ay, Fabiola, no sabes qué rico escribe el hijodevecino, y qué plumota…!!”

Y a mí siempre me han recomendado bien… No por nada mi pluma es como las que usaba Shakespeare… 15 centímetros, punta de diamante. Aunque ya un poco obsoleta… y ya no hay tinteros de esa medida…

Extraño esa época en la que la pluma siempre estaba dispuesta, ya fuera en libretas nuevas, de pocas hojas, con buen forro, o hasta libretas viejas, de esas gordas en las que nadie quiere escribir y tú traías la pluma llena y, pues, chingue a su madre… como decimos los escritores: Un textín rapidín no se le niega a nadie.

Pero en aquel entonces tenía 20, 30…

Porque cuando cumples 50… Te vuelves selectivo. MUY SELECTIVO!

Te inventas que vale más calidad que cantidad, y buscas, afanoso, que el texto que te vas a aventar sorprenda, provoque suspiros, gritos, que emocione… porque a los 50 ya dominas la técnica, te sabes los atajos, usas hasta la doble raya del cuaderno y la cuadrícula grande, y aplicas todos tus trucos… y, aún así, apenas puedes echarte dos textos seguidos…
Bueno, bueno. UNO, pero bien escrito. Con final feliz.


¡Caray! Qué bonitas, las épocas en que era bitextual..

O sea que podía con dos libretas al mismo tiempo…

Porque ése es el sueño de todos: imagínense dos libretas que se juntan, se acomodan una encima de otra, que juegan con tu pluma, que entrelazan sus hojas mientras te miran sonriendo… ¡Uff, mejor no sigo porque se me va a chorrear la tinta frente a ustedes!

Hoy: o escribo en una o leo en otra; a mis 50 ni siquiera puedo voltear a ver una libreta nueva porque ya me están acusando de acoso textual… y eso duele porque… créanlo o no, durante muchos años fui considerado un símbolo textual…

¿Ya se dieron cuenta que sí me dolió cumplir 50?


Pero cumplir 50 tiene sus ventajas. Como darte cuenta de esa doble moral que manejamos toooooodooooooos porque, me queda claro que si hoy se me ocurre mirar de manera lujuriosa a una mujer, no me le acabo y casi-casi hasta voy a dar a la cárcel por acoso.

Como la semana pasada, les juro que por poco le hablan a la patrulla cuando fui a comprar un pinche helado con mi hija, sólo porque me ocurrió lo siguiente:
-¿Cuánto es del helado doble de la niña?
-¿De qué sabor son sus bolas?
-Mta, no sé… MIS BOLAS?
-ES USTED UN VULGAR!!
-Y usted una pendeja...

Pero, claro, ese problema me sucede porque tengo 50 años. Si hubiera tenido 23, cuando yo estaba en mi mero mole, les juro que ella misma me habría dicho: no te apures, yo investigo a qué saben.

Con los años, lo que antes era una gracia, hoy se convierte en una desgracia.

Como cuando me divorcié la primera vez (ey, llevo tres divorcios) y, bueno, estuve varios años soltero; al tiempo, mis cuates me dijeron que entrara a las redes sociales para ligar. Yo me dije: ah, chingá, ligar en las redes sociales? A ver… Entré a una cosa que se llama Twitter, y…OMG, lo que encontré…Me hice amigo” de una rubia europea, despampanante, de esas mujeres que te hacen cometer cualquier locura… a las dos horas de conocernos me dijo:
-Has probado el cyber sex?
-El quéeeee? Le dije
-El sexo por internet… anda, prende tu webcam, y salgamos de esta red…
Y yo, nuevo en esto de usar la computadora, pues le dije que lo intentaría.
Y en chinga me fui por un protector de pantalla. Ah, sí, yo no iba a pescar un pinche virus en mi computadora por andar de caliente…

Y una vez instalado en la webcam le pregunté qué debíamos hacer, y en eso estaba cuando ella comenzó a decirme cosas muy cachondas y, pues uno no es de hule, y comenzamos a decirnos cositas, y ella comenzó a quitarse la ropa… y me pidió que hiciera lo mismo… y en eso estaba, a dos de bajarme el pantalón y dejarle saber quién mandaba, cuando los empleados del Starbucks me sacaron a empujones del lugar…

Pero, bueno, como Pablo Neruda, diré:
“Confieso que he vivido”, y que en estos 50 años he escrito en infinidad de libretas, de hojas sueltas, servilletas, pañuelos; cuadernos nacionales y de importación, y Que hoy estoy donde quiero estar, aquí, ante ustedes, trémulo y ebrio de gozo y trementina, intentando reírme de mi mismo.


martes, 28 de julio de 2015

Del adiós, al no te olvido...

A veces quisiera escribirte, como cuando me leías, y mis letras transformaban nuestro mundo...
Pero pienso... Que mis letras-perros no te ladren; que mis palabras-fauces no te muerdan...
Cada vez, más lejana la fruta; cada vez, más distante el hambre...
Y así te recuerdo: 
Sus letras no eran de autor, pero escribía... Sus piernas no eran fuertes, pero bailaba... y su voz, un desastre, pero cantaba y me encantaba... Sus manos dibujaban en el aire flores, sueños... 
Me gustaban de ti los excesos, y del amor y el odio, prefiero amar al infinito, y del odio, prefiero olvidar.. Cuando no puedo, de tanto odio, recordarte... 
Me gusta la silueta de un árbol en la tarde crepuscular...
Me gusta el sonido del viento entre las ramas, y las hojas al pisar... 
Así eran nuestras pocas tardes, nuestras infinitas y contadas noches; revoltura de deseos reprimidos, de alcohol y tantos besos, tantas veces...
Te dejo, pues, éstas, mis últimas letras para ti... y mi olvido.

viernes, 10 de julio de 2015

Mi noche en el StandUp: debut y ¿despedida?

¡No, no, no, no, no, no,no, no, no, no, no, no, no, no y NO!
Lo mío no es el escenario.
Debo admitirlo: no nací para eso.
Ayer me fue del nabo. Sí, del NA-BO.
Se me cerró la garganta, se me olvidaron mis textos... ¡¡Fue HO-RRI-BLE!!
Pero, ¿saben qué?
La adrenalina que sentí fue exactamente la que, imagino, habría sentido de haberme subido al paracaídas: ¡¡i-gua-li-to!!
¡¡No mames, la emoción!!
Gracias a todos los que fueron, gracias especiales a mis amigos que se subieron al escenario, secundando mi locura: Gil, Susana, Gustavo, gracias.
Gracias a mis maestros Lisi y Jurgan, adorables; es un honor ser su RP y su alumno (¿pasé de panzazo?, jajajaja).
A mi nuevo gran amigo y ser de excepcional generosidad: Alex Herrera. 
Gracias a quienes me acompañaron esa noche a ver cómo me aventaba del paracaídas sin paracaídas (si alguno se me olvida, mil disculpas: estaba ebrio de gozo y trementina... y algo de tequila):
Segura, y mis Gabrielas. Lealtad a prueba de balas. 
Claudia Pacheco, Addis Tuñón (gracias, mil, por tus palabras), Ilse Lazcanooooooooooooooooo de mi amor y a tu marido; Karla Danae (mi'jita, ya estoy listo), Hilda Isa y marido; mi querido Enrique Ortega y mujer; don Rogelio Ramos (cátedra de standup, gracias, gracias, gracias), Gon Curiel (eres lo más, lo más...), Mario Almaguer, Mario Rojas (cabrón, te quiero; gracias por esa sonrisa y ese abrazo al final); Emilio y Ángel (LOS A-DO-RO); mis hermanas Iliana y Gabriela (las amo con locura y les agradezco infinitamente su apoyo incondicional en todos mis aciertos y en todas mis locuras); Ana Verónica (no sabes lo bien que me hace recuperarte en mi vida: te adoro); mis nuevos amigos standoperos Alberto y Julio (tengo tanto que aprenderles!), Paco Colmenero (eres infinitamente un encanto encantador), mi querido y admirado Jorge Mendoza (cabrete, siguen pendientes los tacos)... Pepe Zepeda, no mames, no mames, no mames: increíble, verte ahí, aplaudiendo: te adoro... Arturo Flores, Soraya; gracias, gracias, gracias...
Gabriela Guzman, Alfa, Johnatan: GRACIAS! Los quiero, mil!
Gracias infinitas y especiales a la más popular de la noche: Ximena, que robó cámara y que me hizo más dulce el amargo trago del olvido, cuando me entregó un ramo de flores. Eres, tú, el mejor regalo que me ha dado la vida y siempre, cada paso, cada cosa que hago, tratarán de honrarte.
A mis padres que, donde sea, sé que me vieron.
¡Ay, espero que no se me olvide nadie..!
Si se me olvidó el texto en el escenario, jajajaja...
Pero, ¿qué creen? 
Como Shwarzzeneger: I'll be back.
Esta espinita no se me queda atorada.
Regresaré y lo haré mejor, porque quiero y se me da la gana.
LOS AMO, DE AMAR-AMOR; ASÍ DE LINDO SOY.

jueves, 2 de julio de 2015

Mis 3 encuentros con Jacobo Zabludovsky

Tuve pocas oportunidades de coincidir y conocer a Jacobo Zabludovsky.
Una, la primera, en 1989, justo el día en que falleció mi abuela materna Pina, y yo había esperado ansioso esa entrevista con JZ para El Heraldo de México. Y no, no fui al velorio ni a los funerales de mi abuela, por atender mi trabajo.
Fue una entrevista larga, como de una hora, y recuerdo perfecto cuando Jacobo encendía su terminal de computadora para decirme: "mira la maravilla de la tecnología: toda la información del mundo, en esta pantalla".
Se trataba de una computadora de esas viejas (moderna en aquel entonces, se sobre entiende), donde solo había texto en verde, y el cursor era un cuadrito parpadeante. Todos los cables, que antes llegaban por teletipo, estaban ahí.
De esa entrevista y su publicación, recuerdo, don Jacobo invitó a comer a mi jefe para agradecerle el espacio, y a mí me envió una carta dándome las gracias "por tan excelente entrevista, escrita con cariño y admiración inmerecidos", recuerdo perfectamente.
Y es que, la verdad, muy rojillo y muy lo que quieran, yo acababa de salir de la UNAM y no tenía más que admiración por el periodista, sin importar lo que de Televisa siempre hemos dicho a nivel escuela y a nivel personal y mi entrevista fue, a decir verdad, un panegírico exacerbado hacia la labor del maestro.
Y es que, las cosas que me hicieron ser periodista son: las crónicas de Jacobo Zabludovsky, las entrevistas de Ricardo Rocha, el libro "Crónica de una muerte anunciada", la película “El ciudadano Kane”, las columnas de Leopoldo Meraz “El Reportero COR” (“El fabricante de estrellas”, que publicaba en El Universal”) y mis infinitas tardes leyendo el Excélsior de los años 70’s y 80’s.
Al paso del tiempo, llegué a ser jefe de prensa de Televisa. Y recuerdo que don Jacobo me llamó una tarde para citarme en su oficina en Chapultepec, a la cual acudí de inmediato.
“Víctor Hugo, me darán el reconocimiento de la Legión Francesa, y quiero que me ayude a darle difusión, que enviemos un boletín y lo que usted sugiera que deba hacerse”, dijo, tajante, lacónico.
Hicimos lo que se debe en esos casos: boletín, entrevistas, cobertura del reconocimiento, y a los pocos días envió a mi oficina una carta: “gracias por su cariñoso apoyo”.
Él sabía que yo era fan, me queda claro. Porque, puedo asegurarlo, para muchos de mis colegas de esa época, encontrarse con Jacobo era como para los fans de Luis Miguel: era ver a su máxima estrella. Y me disculparán quienes digan lo contrario. Éramos fans de esos periodistas, sin importar todo lo que de ellos se dijo y se sigue diciendo.
La tercera ocasión, tiene su propia historia.
Tan buena chamba les hice en Televisa, que en más de una ocasión reconcilié los intereses de la empresa con los intereses editoriales de otras, y en una ocasión junté a tres ejecutivos de alto pedorraje  (cuyos nombres omitiré para no meterme en pedos innecesarios), con un alto director editorial de un diario de circulación nacional (cuyo nombre y medio también omitiré, por las mismas causas) en una comida que tuvo sus graves consecuencias.
Yo no asistí a esa comida, per o a las pocas horas supe lo que en ella había ocurrido: como una muestras de las ganas de “colaborar” con ese medio, los tres tristes tigres habían pactado con aquel un intercambio informativo: la salida de Abraham Zabludovsky de Televisa, tomando como pretexto los sucios y puercos nexos de AZ con los dirigentes de Ruta 100.
A las 21.00 horas de ese día, el teléfono de mi oficina en Televisa sonó. Era uno de mis jefes. “Estamos en casa de uno de los dueños de Televisa –no lo dijo así, obviamente-, y pasó esto… No sabemos si aquel cuate –el director editorial de un diario de circulación nacional- nos vaya a balconear; le dimos esa nota y ahora estamos cagados de miedo que vaya a publicar nuestros nombres”.
Se escuchaba literalmente angustiado. Y pedo. Y angustiado. Y muy pedo.
“Ayúdanos; el jefe te recompensará”, dijo.
“Necesitamos saber si en la noticia saldrá mañana en la portada del diario”, dijo y colgó.
  Afanoso, y sin importar lo complicado del encargo, indagué y luego de tres llamadas de “¿ya sabes algo?”, pude darle la noticia:
“Sí, la nota es LA PORTADA de mañana en ese diario”.
“Vientos, Víctor Hugo… ahora necesitamos que consigas LA NOTA”.
Casi a la media noche, y luego de hablar con muchas personas, muchos contactos y amigos que, al tiempo, pagaron caro su  ayuda a este jefe de prensa, no sólo supe qué decía la nota. ¡TUVE UNA COPIA DE LA NOTA!   La mandé por fax a casa de uno de los dueños de Televisa y, cabe decir, fui el héroe de la noche.
Esa nota desencadenó el despido de Abraham y, al poco tiempo,  la solidaria renuncia de Jacobo a Televisa, lo cual provocó que por tercera ocasión me juntara y reuniera con él en su oficina de Chapultepec.
El tema: su salida de la empresa.
Y la historia que todos saben. Una fiesta, un desfile impresionante de artistas, empleados, periodistas externos, que despidieron al gran Jacobo cuando, al aire, él le dijo a Guillermo Ortega Ruiz, cuando aquel quiso ser grandilocuente al decirle “Nos deja una silla enorme qué llenar”, la frase lapidaria: “Tendrás el éxito que te mereces”.
Al tiempo, y a la llegada de Emilio Azcárraga Jean, aquel grupo de ejecutivos que se quejaban de la nula credibilidad de Jacobo al frente de los noticieros de la empresa, construyeron exactamente lo mismo. Pero, bueno, ésa es otra historia.

Descanse en paz, Jacobo Zabludovsky.

jueves, 25 de junio de 2015

Mis 50 años: la dicha y la gloria de ser un Fénix, siempre.

Alguien me sugirió que, a punto de cumplir 50 años, hiciera mi lista de las cosas que me falta por hacer, que quisiera hacer y que no he hecho.
Sonaba divertido, pero en verdad creo que el asunto está hacer el recuento de las cosas que sí he logrado, las que he realizado, los sueños alcanzados en este medio siglo.
Y no, no aburriré al querido lector con una retahíla infumable de eventos.
Seré breve, hasta eso:
1.- Infancia feliz. Con algunas carencias que, al final, me hacen ser el trabajador apasionado de lo que hago.
2.- Padres maravillosos, hermanas increíbles.
3.- He amado, me han amado. He sido y sigo siendo infinitamente afortunado con las mujeres.
4.- He reído toneladas de veces. Válgase la expresión.
5.- He tenido amigos entrañables, y muchos. Yo tendría que ser marciano para contar a mis amigos con los dedos de muchas manos.
6.- Encontré el trabajo, profesión, oficio que amo: el periodismo y su variante de las Relaciones Públicas. Es como mi juego de niño: aunque me llamen a comer o a meterme porque llueve, siempre querré seguir jugando "un ratito más!".
7.- Ya escribí varios libros. Unos, a pedido; no aparezco yo como el autor, pero son míos.
8.- Sembré árboles y hortalizas.
9.- Tengo una hija que amo con el amor más profundo del mundo, el más honesto, el más sincero y el más entregado.
10.- He trabajado para empresas muy importantes, especialmente la mía: HijodevecinoRP.
11.- He comido con Dios y he desayunado con el Diablo. Y prefiero cenar conmigo mismo.
12.- De mis infiernos, prefiero ese donde me quemo de amor por una mujer.
13.- Entré y salí de las drogas.
14.- Recuperé la vista, luego de estar tuerto 5 años.
15.- Conocí el Contranalisis de Leonardo Stemberg y sí, créanlo o no, soy feliz 24/7/365. Mi felicidad no es euforia, sino una paz interior que nadie ni nada derriba.
16.- Soy un consentido de Dios. Somos cuates, y hemos hablado varias veces. Quienes de verdad me conocen, saben de esos episodios.
Y es así, que resumo mis días y las cosas que verdaderamente tienen relevancia en mi vida.
Y hoy, justo hoy y mañana, justo mañana, pasaré mi fiesta trabajando porque, algo de inmadurez y pendejada hay en mi, cuando siento que es "de buena suerte" atravesar el ciclo trabajando.

Sean dichosos, ternurines de luz de foco ahorrador.

lunes, 15 de junio de 2015

Las últimas 10 cosas que nadie sabe de mi.

Día 3.
Otras 10 cosas que no saben de mi.
1.- Me caga el futbol. Mi papá fue portero del Cruz Azul en 2a división y su deseo de que el hijo le saliera futbolero no, pues no. A los 5 años me llevaban a los partidos América-Guadalajara y me quedaba dormido. A los 8 años me compraron mi maleta, mi playera y todo el outfit; me llevaron a un partido, me metieron a jugar, me llegó el balón, disparé y... autogol. Un coscorrón del entrenador, delante de todos los niños y los papás, incluyendo el mío, me hicieron odiar este deporte.
2.- Tuve mi primera novia fue a los 10 años; ella tenía 15.
3.- Mi primer cigarro lo fumé a los 10 años; sí, con la novia de 15.
4.- Mi primer acercamiento al amortz fue a los 10 años; sí, con la novia de 15. Bendito Dios, en aquel entonces nadie se escandalizaba y puedo asegurar que no me traumé ni nada.
5.- Siempre fue nerd: mis promedios: primaria: 10, secundaria, 9.8; preparatoria, 9.8; universidad, 9.26.
6.- Odio correr, pero durante 13 años consecutivos corrí 10 kilómetros diarios para bajar de peso, primero y, leugo, para no subir y mantenerme. Tras una operación de ojos, con bisturí aún, me prohibieron correr 8 meses y, nada, como Forrest Gump, me cansé.
7.- Estuve tuerto 5 años. Luego, gracias a la intervención de mi muy querida amiga Vrendy Karina Monroy Carrillo​, la Fundación Televisa me mandó a la Fundeación Devlyn, donde la inolvidable oftalmóloga Maru me operó y aquí sigo, con córnea prestada.
8.- No como tacos de tripas, ojo y cabeza. No los he probado, pero no se me antojan nada.
9.- Desde hace 30 años, mi desayuno es Coca-Cola y cigarros. Mal hábito. Pésimo.
10.- Odio a los que alimentan a sus perros y gatos con "alimento para perros y gatos" con el argumento de que "eso es lo que deben comer; contiene todo lo que necesitan".
Si Dios quisiera que comieran Purina, las vacas cagarían Purina; si Dios hubiese querido que eso fuera su alimento, los árboles darían por fruto latitas de Whiskas.
Creo que ya terminé.
Gracias, Isa Salas​ por nominarme, aunque nunca leyó mis Muros; gracias a Diana Alarcon​, que también me nominó y sí leyó mis Muros.

domingo, 14 de junio de 2015

Miedo, una razón para subirse al StandUp.

¿Por qué quiero subirme al StandUp?
Quizá por las mismas razones que NO quiero subirme a hacerlo:
Miedo a salirme de una zona de confort donde, bien o mal, soy alguien: el mejor RP, el periodista, el chistoso del facebook, el enamorado-del-amor, el papá-buena-onda-de-Ximena...
Miedo a quedarme en esa zona de confort.
Y ese mismo miedo, no sé, qué quieren, así funciona esta cabecita loca, es el que ahora me impulsa a moverme, a dar un paso, a saltar del bungee, del paracaídas.
¿Por qué?
Porque a mis (casi) 50 años sigo buscando retos, nuevos escenarios, nuevos juegos.
Mis compañeros del taller, amigos míos muy queridos y admirados todos, somos periodistas 24/7/365. Vivimos por y para la letra, la palabra escrita, hablada; ese es nuestro motivo diario.
Y somos unos chingones, sí. Y poco humildes. Bueno, hablaré por mi.
Domino el castellano como pocos. La coma, la tilde, la pausa, la letra, todo siempre está bajo control. Sí. ¿Y?
¿Para qué quise dominar estas reglas? Para romperlas, para jugar con ellas. Y hacer de mi día a día, algo divertido, un juego que no se acabe y que no me aburra.
Y así llevo 28 años, jugando día a día, y creo que, al fin, llegó el momento de saltar, de hacer acrobacias, de jugármela, de ir por más.
¿Qué más? No lo sé.
Sólo sé que hace mucho no sentía el nervio y el miedo que estoy sintiendo, porque además de exponerme, desnudarme frente a muchos (en sentido figurado), me estoy retando a cambiar la zona de confort por una nueva cancha que no conozco, en la que hay verdaderos tiburones de la comedia, verdaderos ases del StandUp y, qué caray, si los periodistas somos bien entrones a los juegos rudos. Y éste, créanme, lo es y lo será.
No se trata de "likes" en este Muro; no. No se trata de "jajajases" de mis amigos, de mi familia. Se trata de probar el texto y la pericia para leer-decir ante otras audiencias.
Y como somos (otra vez: soy, soy, soy) bien ególatras, pues nos gusta que nos lean de principio a fin; ahora el reto será que nos escuchen de principio a fin y que se rían, además.
Es como si de repente un jugador de futbol quisiera jugar basketball, o un boxeador quisiera correr un auto... Adrenalina, pues.
Pero como soy bien azotado y atormentado, pues me fustigo, no me dejo, y leo y leo y vuelvo a leer mi texto y lo pulo, le quito, le pongo, lo tiro, lo rescato y lo vuelvo a leer y no, créanme, no termino de estar contento.
Acabo de tener una llamada con una colega que admiro y respeto profundamente, además que la quiero a morir, que quedará grabada en mi memoria afectiva por muchos años. Gracias, Susana Heredia Tejeda​, porque compartimos la misma emoción, el mismo miedo, la misma adrenalina. Eso quiere decir, Su, que estamos haciendo lo correcto: retarnos, como siempre, una vez más.
Somos así de intensos, y este tipo de acciones nos hace sentir vivos, más que siempre.
Y estoy seguro que Gustavo Adolfo Infante​ y Gil Barrera​ deben sentir el mismo compromiso de estar juntos en este barco que, señores, está zarpando.