domingo, 1 de julio de 2012

Yo voté por Peña Nieto

Sr. Enrique Peña Nieto. Yo voté por usted. Espero, de verdad, confío en que la celebración de esta noche no sea la fiesta de un mercenario que ganarà y hará ganar dinero y poder a los de su partido, a sus cuates, a quienes lo apoyaron para llegar a la silla presidencial que, a la diatancia, se observa màs como un botín que como un medio para hacer algo por este país, tan dominado por el narco y la injusticia. Espero, de verdad, que la fiesta sea provocada por un sano deseo de ayudar a que este país obtenga, logre, la grandeza que se merece, que nos merecemos todos. Que haya riqueza, pero que ésta sea repartida en todos los que sí trabajamos, en todos los que sí hacemos algo por nuestro país. Que el hambre sea de crecimiento, no hambre real del que nada tiene y tiene nada para lograr llevar alimento a su hogar. No espero, dicho sea de paso, que nos regale nada; no espero al mesías, al salvador que alimente a los miles que sólo esperan que alguien les dè sin merecer. Tampoco es eso. Mi ùnico anhelo es que ud, como pròximo gobernante, sea un director de orquesta que haga sonar a este país como una gran obra y que equilibre los poderes y que afine a los solistas, para que el conunto suene espectacular. Y ante su batuta, tocaremos todos. Yo, al menos. Y si no fuera de esta forma, y si no cumpliere sus promesas y si, como tantos y tantos que nos han gobernado, Ud hiciera uso y abuso de su poder para aliemntar el ego y llenar las propias arcas, créame, Sr. Peña Nieto, harè todo lo que estè en mis manos para derrocarlo de esa silla. Hàgase merecedor del poder que se le está confiriendo. O, de lo contrario, al menos yo haré todo o que esté en mi alcance para manifestar mi inconformidad. Somos, según los resultados, muchos que estamos confiando en usted; no nos defraude. Gracias.

jueves, 28 de junio de 2012

Para quien resulte electo este domingo...

Gritos, rituales y canciones de la victoria: Si gana Peña Nieto, lo veo bailando en el Zócalo al son de "la mano izquierda va adelante y la derecha para atrás". Si gana Amlo, lo veo entonando aquel consabido himno del p(end)ejismo: chu chu wa wa waaaaa, chu chu wa wa waaaaa. Si ganara Cuchi Mota, no puedo evitar imaginarla en plena plancha, bailecito grupal de "pajaritos a bailar, cuando acabas de nacer, tu huevito has de romper, pi pip pi pi". Y si fuera mi cuate el Quadratín el mero ganón de tan memorable contienda electoral, hasta yo lo acompañaría en los coros de aquella obra inmortal: "mesa, mesa, mesa que más aplauda le mando, le mano, le mando a la niña!" Que gane el menos peor, deseo fervientemente, y el que sea, en el momento en que falle o incumpla, que entre todos nos levantemos en armas y lo agarremos a putazos. De nada.

Votar sobrio, para qué?

Casi se acerca el domingo. Y las dudas surgen, al tenor de un café cargado: si siempre hemos votado en "ley seca", y así nos ha ido, ¿no podriamos votar libremente borrachos? Quizá al calor de unos tlapehues, en una de esas nos resulta. Otra sugerencia: ¿podremos votar por el copete de uno, el gallito del otro, el cuchicuchi de aquella y lo hipster de aquel? Una revoltura de los 4 fantásticos podría resultarnos, también. Curiosa democracia: votaremos por quieénes eligieron los partidos, no el pueblo. Partidocracia, digo yo. Las diferencias abismales en las encuestas, truqueadas o no, nos hablan de que nadie, pero nadie votará en pleno convencimiento de las virtudes de aquel por el que han decidido; lo peor y triste es que votaremos "por el menos peor", a la vista y juicio de cada quien. Y si dejamos de mantener partidos, negando el voto a Quadratín o al que sea, ¿ese dinero a manos de quién irá a parar?Si no es a un partido, será al bolsillo de otros. México, el gran negocio de unos cuantos... Mejor me tomo mi café y me pongo a trabajar que, nomás de pensar en esto, como a Pito Pérez, me da por beber. Parafraseando, diré: hablar de política es como hablar con los muertos, y yo sólo tengo el valor de hablar con muertos cuando estoy borracho. Es jueves. Buen día para todos.

lunes, 25 de junio de 2012

Cuando el quipaje se aligera.... o cómo cumplir 47 años.

Cumplir 47 años O la vida nos cambia, o los ojos se van empañando y la perspectiva de las cosas, evidentemente, no es la misma que cuando jóvenes. Será eso que algunos llaman madurez (yo creo que es instinto de supervivencia), pero mientras más años cumplo, hay cosas que van dejando de ser importantes y, paralelamente, cobran importancia otras que, hace años, ni siquiera existían en mi lista de prioridades. Este año, tras un accidentado encuentro con un intenso e inexplicable dolor en salva sea la parte, debo decir que sí sentí que la virgen me hablaba, y me decía: “pedazo de animal, sólo a ti se te ocurre tomar 2.4 litros de Coca-Cola diarios, sin considerar que debes beber agua” (debo confesar que durante 20 años, al menos, mi ingesta de líquidos fue solamente de refrescos, alcoholes y casi nada de agua, y el casi nada se refiere a dos litros de agua al año, cuando mucho), corté de golpe y porrazo con mi ingesta de la chispa de la vida, para abandonarme al placer infinito de beber agua simple, a veces grandes tés de limón, y dejar de lado mi consumo compulsivo de refrescos. Claro, a los 23 años, ue te ocurra eso, es de sabios; a mi edad, se ha vuelto una necesidad imperativa cuidar mi consumo de líquidos, de sólidos, y de fibra, verduras so pena de pasarla mal en los años por venir. Y eso, en la parte final del párrafo anterior, es importantísimo: los años por venir. A los 47, los años por venir se imploran, se suplican, se piden llenos de salud pero, más allá de eso, se piden a gritos. Como si cada vez estuviera más cerca la puerta de salida, uno pide que ese momento se aleje, se haga eterno, y eso, señores, debo decir que era una de las 20 mil cosas me tenían sin cuidado a los 20 años. Ah, la vida cambia, o los ojos se van empañando, se van cerrando, y la lista de prioridades se reduce, y los tesoros no son muchos, pero se van quedando, como en decantador, los más pesados, los más valiosos. El amor es otro de ellos. A los 20, el amor era una especia de trámite para salir con alguien, para acostarse con alguien, para despertar con alguien o para… con alguien. A mis 47, el amor se ha transformado, tanto, que he pasado por todos los estados civiles en menos de 3 años: del divorciado, pasé al soltero; del soltero, al casado, y del casado, otra vez donde empezamos… Soltero. Hace 15 días firmé mi divorcio, y no es que el amor se agotara, no; tampoco que entrara el odio en su lugar. No. Nada de eso. Esta vez, el amor se abrió camino de la manera más extraña y poco convencional que haya visto en mi entera vida: al aceptar que no podemos estar juntos, que la convivencia 24/7 no fue hecha para nosotros, mi esposa, ex esposa, y yo decidimos: SER NOVIOS para siempre! Y me explico: nos casamos, y nos divorciamos, pero amorosos que somos, y amor intenso el que sentimos, que hemos hecho a un lado los convencionalismos y hemos emprendido una nueva aventura que estamos disfrutando: Novios, cada quien en su casa. El amor verdadero libera de ataduras y se encierra en sí mismo y se regodea en sí mismo para convertirse en amor pleno. No digo que a todos les funcione, pero así como a nosotros no nos sirvió estar juntos, a muchos les puede salvar el amor propio y el ajeno. Es decir, a punto de caernos de un precipicio, los dos decidimos retroceder y caminar por sendas separadas, pero paralelas. Y, sí, sin el amor, hoy no me explico la vida. Porque ya no es ese amor físico el que impera, aunque sea también parte importante, sino la convivencia y el compartir con alguien, que es alma gemela, no siamesa, la vida. Yb si el amor de pareja es importante, vayamos al otro amor, al filial, que se convierte en vital y en motor de vida a esta edad. Mi adorada hija que, mañana, un día después que yo, cumple 15 años. Y aunque no quiera, me viene a la mente la pregunta pendeja que a todos nos asalta: “¿en qué momento se fue todo tan rápido?”, y lo pienso y me río. No fue rápido. El tiempo es una medida que le ponemos a la percepción de las cosas. El tiempo es tiempo, y transcurre igual para todos. Es quizá esa cosa de voltear atrás e irte al infinito de los hechos, para darte cuenta que Ximena, mi adorada hija, nació hace 15 años y que el cúmulo de eventos que han transcurrido parecen cortos y pocos, comparado a la cantidad de años, pero o, no es así. Al menos, el tiempo me ha enseñado, como a Dyango, a no querer tanto, y a querer mejor, y con Ximena, ¿qué les digo? He aprendido que el amor verdadero otorga libertad, deja ser, fluye, y cuida, procura, hasta donde el otro no pierda su individualidad. Así amo a Ximena, con miles de errores de mi parte, pero con un amor auténticamente devastador. Puedo ser el huracán, y puedo ser la calma. Que nadie me la maltrate, porque engendro en Lucifer. Salud y amor, vitales. De ahí en fuera, no es que el mundo me valga madres, Al contrario, amo al mundo, y todo lo que hay en él. Sólo que, amigos, cumplo 47, y mis prioridades han cambiado, y hay pocas, muy pocas cosas con las que puedo vivir: salud, amor… Al parecer, mientras más viejo, más ligera es mi maleta. Eso no significa que no valore otras y tantas cosas que la vida me brinda. Sigo siendo un apasionado del trabajo, de los amigos, de la vida misma. Y sigo siendo un apasionado de mirar la luna y de sentir el sol en mi piel. Sigo siendo fan del espresso doble, de la pasta y de un buen tinto. Sigo siendo fan de las risas y sonrisas, y sigo siendo fan de mi trabajo, que tanto me apasiona. Sólo veo que, al llegar a los 47, la lista de prioridades, de esas cosas con las que me costaría mucho trabajo sobrevivir, se va vaciando. Y da miedo, a veces. Antes, de joven, todo era importante: los lugares por conocer, las chicas por conquistar, la fiesta que vivir. Hoy, la fiesta es la vida misma; la chica por conquistar apareció y llena todos mis espacios, y el lugar por conocer es la dicha infinita de mi amada hija. Supongo, asumo que acercarse al final produce miedo, hasta cierto punto, y cómo no, si pienso que cada día que pasa mi maleta se aligera, tanto, como preparándome para que, al llegar a la recta final, yo sepa, asuma, entienda, que el equipaje está vacío, y que hay que abandonar la nave, así, como sea. Sin nada más que lo vivido. Quizá esté acercándome a esa meta. Quizá, en mi experiencia, me quede una década más para disfrutar la vida con una carga tan ligera. Quizá. Sólo quizá. Hoy celebro 47 años, una maleta muy ligera y una copa de tinto en la mano, y la luna como testigo. Y mañana pediré: que no me tapen el sol.

lunes, 18 de junio de 2012

Gastar 328 mil pesos en Coca-Colas? Es verdad...

Quizá ustedes no lo sepan y, en dado caso, les de lo mismo, pero para mí es un logro enorme, de esos que nunca creí lograría: estoy dejando mi amada y bendita Coca-Cola. Un buen susto de hace 3 meses me hizo tomar esta determinación, y ahora bebo más agua que un pez (claro, la cantidad que mi organismo me pide), y muy eventualmente me tomo una Coca-Cola. Y debo reconocer que durante años, muchos, quizá 20, mi única bebida fue esa chispeante y refrescante Coca-Cola. De hecho, mi desayuno a las 6 am, eran los últimos tragos de la botella que colocaba en mi buró, eso y el cigarrito. Pues a 3 meses, sin remordimientos y sin culpas y sin regodearme con la soberbia que suele carcaterizarme en el "yo pude", debo confesar: sí se puede. Yo ya pude. Durante 20 años, más o menos, tomé 2.4 litros de Coca-Cola día a día. Y en ese tiempo gasté, más o menos, 328 MIL PESOS!!!!! Bueno, como digo yo: nunca es tarde para comenzar a cuidarse, y de paso ahorrar una lana. Prometo que desde hoy echaré a la alcancía esos 45 pesos diarios. Quizá el ahorro me sirva para pagar una diálisis cuando mis riñones reclamen tanta bendita Coca-Cola.

Sin mediar palabras se dijeron todo...

Sin decirse nada, entendieron todo. Sin mediar palabra, se dijeron todo y nada. Así son las cosas de las despedidas y de los olvidos. Cada uno toma sus pertenencias, las que sobrevivieron al abandono, y en pequeñas o en grandes maletas emprenden cada uno el viaje de sus propios destinos. No hay rencores, sólo agradecimientos, de esos que se infieren con la mirada. Dios bendiga sus caminos.

sábado, 2 de junio de 2012

Una mujer llena de flores

Se despertó de madrugada. La comezón se hacía incesante y ya era muy molesta como para seguir durmiendo. De esas veces que uno cree que algo es lo suficientemente grande para interrumpir un sueño, ella despertó y se rascó la espalda. Lo que sintió al tocar su piel le causo pavor, terror. Y de inmediato corrió al baño a revisarse: le estaban creciendo flores en la espalda. Flores! F-L-O-R-E-S E-N L-A E-S-P-A-L-D-A!! Estuvo a punto de gritar, de llorar, de salir a despertar a media humanidad para decir lo que, en su corta visión del mundo y de la vida, consideraba un milagro. Pero no gritó y no despertó a nadie. Consideró, pasados los minutos, que era mejor callarse y disfrutar su espalda con olor a rosas y jazmines, a nardos y azucenas. Porque, hay que decirlo: su espalda no era sino más que un enorme ramillete de pétalos multicolores, suaves y sedosos, que cubrían toda la piel. Lo que primero causó terror, se volvió de inmediato en un bálsamo de paz y de tranquilidad que la inundó y la mandó a “viajar” de madrugada. Luego de varios minutos, ella regresó de su “viaje”, gracias a la comezón incesante que le provocaba tanta flor en la espalda. Decidió, usando su sentido común y obedeciendo a su cuerpo, meterse bajo el chorro del agua tibia de su regadera y esto, cabe destacar, le calmó de inmediato la comezón pero oh, sorpresa: las flores crecieron, abrieron. Pasados unos minutos, y ya a punto de amanecer, ella decidió irse a dormir. Quizá al despertar, se daría cuenta que nada de eso había ocurrido y sería uno de esos sueños que, juramos, son reales (así suele decir la gente). Dieron las 7 am, se levantó, atendió a su familia, los despachó al colegio, a las labores, y ella ni se acordaba de sus flores, hasta que decidió meterse a bañar para continuar su día. Y una vez en el baño, y mirando su desnudez (como suelen mirarse las mujeres al bañarse), casi pega el grito cuando descubrió que la rosa del pubis era, en efecto, una hermosa rosa, de tono rosa, claro, y en sus pechos brotaban nardos y, en su vientre, violetas. Gritó, lloró, asustada, terriblemente espantada de lo que le estaba ocurriendo, y en un arranque de miedo fue por unas tijeras y cortó, con inmenso dolor, cabe decir, todo su cuerpo. Ensangrentada, lloró y blasfemó, y volvió a llorar y siguió blasfemando, mientras curaba sus heridas con merthiolate y gasas. Y, como un segundo milagro que ella no entendió, sus heridas sanaron a la media hora. Y otra vez, el silencio inundó su pensamiento. Quedó su mente en blanco y se durmió, para sentir que todo había sido un sueño o una pesadilla. Al despertar, ni flores ni aromas ni recuerdos de lo que en principio creyó un milagro. Era, había sido un milagro y, como tantos milagros, éste pasó desapercibido.