lunes, 25 de junio de 2012

Cuando el quipaje se aligera.... o cómo cumplir 47 años.

Cumplir 47 años O la vida nos cambia, o los ojos se van empañando y la perspectiva de las cosas, evidentemente, no es la misma que cuando jóvenes. Será eso que algunos llaman madurez (yo creo que es instinto de supervivencia), pero mientras más años cumplo, hay cosas que van dejando de ser importantes y, paralelamente, cobran importancia otras que, hace años, ni siquiera existían en mi lista de prioridades. Este año, tras un accidentado encuentro con un intenso e inexplicable dolor en salva sea la parte, debo decir que sí sentí que la virgen me hablaba, y me decía: “pedazo de animal, sólo a ti se te ocurre tomar 2.4 litros de Coca-Cola diarios, sin considerar que debes beber agua” (debo confesar que durante 20 años, al menos, mi ingesta de líquidos fue solamente de refrescos, alcoholes y casi nada de agua, y el casi nada se refiere a dos litros de agua al año, cuando mucho), corté de golpe y porrazo con mi ingesta de la chispa de la vida, para abandonarme al placer infinito de beber agua simple, a veces grandes tés de limón, y dejar de lado mi consumo compulsivo de refrescos. Claro, a los 23 años, ue te ocurra eso, es de sabios; a mi edad, se ha vuelto una necesidad imperativa cuidar mi consumo de líquidos, de sólidos, y de fibra, verduras so pena de pasarla mal en los años por venir. Y eso, en la parte final del párrafo anterior, es importantísimo: los años por venir. A los 47, los años por venir se imploran, se suplican, se piden llenos de salud pero, más allá de eso, se piden a gritos. Como si cada vez estuviera más cerca la puerta de salida, uno pide que ese momento se aleje, se haga eterno, y eso, señores, debo decir que era una de las 20 mil cosas me tenían sin cuidado a los 20 años. Ah, la vida cambia, o los ojos se van empañando, se van cerrando, y la lista de prioridades se reduce, y los tesoros no son muchos, pero se van quedando, como en decantador, los más pesados, los más valiosos. El amor es otro de ellos. A los 20, el amor era una especia de trámite para salir con alguien, para acostarse con alguien, para despertar con alguien o para… con alguien. A mis 47, el amor se ha transformado, tanto, que he pasado por todos los estados civiles en menos de 3 años: del divorciado, pasé al soltero; del soltero, al casado, y del casado, otra vez donde empezamos… Soltero. Hace 15 días firmé mi divorcio, y no es que el amor se agotara, no; tampoco que entrara el odio en su lugar. No. Nada de eso. Esta vez, el amor se abrió camino de la manera más extraña y poco convencional que haya visto en mi entera vida: al aceptar que no podemos estar juntos, que la convivencia 24/7 no fue hecha para nosotros, mi esposa, ex esposa, y yo decidimos: SER NOVIOS para siempre! Y me explico: nos casamos, y nos divorciamos, pero amorosos que somos, y amor intenso el que sentimos, que hemos hecho a un lado los convencionalismos y hemos emprendido una nueva aventura que estamos disfrutando: Novios, cada quien en su casa. El amor verdadero libera de ataduras y se encierra en sí mismo y se regodea en sí mismo para convertirse en amor pleno. No digo que a todos les funcione, pero así como a nosotros no nos sirvió estar juntos, a muchos les puede salvar el amor propio y el ajeno. Es decir, a punto de caernos de un precipicio, los dos decidimos retroceder y caminar por sendas separadas, pero paralelas. Y, sí, sin el amor, hoy no me explico la vida. Porque ya no es ese amor físico el que impera, aunque sea también parte importante, sino la convivencia y el compartir con alguien, que es alma gemela, no siamesa, la vida. Yb si el amor de pareja es importante, vayamos al otro amor, al filial, que se convierte en vital y en motor de vida a esta edad. Mi adorada hija que, mañana, un día después que yo, cumple 15 años. Y aunque no quiera, me viene a la mente la pregunta pendeja que a todos nos asalta: “¿en qué momento se fue todo tan rápido?”, y lo pienso y me río. No fue rápido. El tiempo es una medida que le ponemos a la percepción de las cosas. El tiempo es tiempo, y transcurre igual para todos. Es quizá esa cosa de voltear atrás e irte al infinito de los hechos, para darte cuenta que Ximena, mi adorada hija, nació hace 15 años y que el cúmulo de eventos que han transcurrido parecen cortos y pocos, comparado a la cantidad de años, pero o, no es así. Al menos, el tiempo me ha enseñado, como a Dyango, a no querer tanto, y a querer mejor, y con Ximena, ¿qué les digo? He aprendido que el amor verdadero otorga libertad, deja ser, fluye, y cuida, procura, hasta donde el otro no pierda su individualidad. Así amo a Ximena, con miles de errores de mi parte, pero con un amor auténticamente devastador. Puedo ser el huracán, y puedo ser la calma. Que nadie me la maltrate, porque engendro en Lucifer. Salud y amor, vitales. De ahí en fuera, no es que el mundo me valga madres, Al contrario, amo al mundo, y todo lo que hay en él. Sólo que, amigos, cumplo 47, y mis prioridades han cambiado, y hay pocas, muy pocas cosas con las que puedo vivir: salud, amor… Al parecer, mientras más viejo, más ligera es mi maleta. Eso no significa que no valore otras y tantas cosas que la vida me brinda. Sigo siendo un apasionado del trabajo, de los amigos, de la vida misma. Y sigo siendo un apasionado de mirar la luna y de sentir el sol en mi piel. Sigo siendo fan del espresso doble, de la pasta y de un buen tinto. Sigo siendo fan de las risas y sonrisas, y sigo siendo fan de mi trabajo, que tanto me apasiona. Sólo veo que, al llegar a los 47, la lista de prioridades, de esas cosas con las que me costaría mucho trabajo sobrevivir, se va vaciando. Y da miedo, a veces. Antes, de joven, todo era importante: los lugares por conocer, las chicas por conquistar, la fiesta que vivir. Hoy, la fiesta es la vida misma; la chica por conquistar apareció y llena todos mis espacios, y el lugar por conocer es la dicha infinita de mi amada hija. Supongo, asumo que acercarse al final produce miedo, hasta cierto punto, y cómo no, si pienso que cada día que pasa mi maleta se aligera, tanto, como preparándome para que, al llegar a la recta final, yo sepa, asuma, entienda, que el equipaje está vacío, y que hay que abandonar la nave, así, como sea. Sin nada más que lo vivido. Quizá esté acercándome a esa meta. Quizá, en mi experiencia, me quede una década más para disfrutar la vida con una carga tan ligera. Quizá. Sólo quizá. Hoy celebro 47 años, una maleta muy ligera y una copa de tinto en la mano, y la luna como testigo. Y mañana pediré: que no me tapen el sol.

lunes, 18 de junio de 2012

Gastar 328 mil pesos en Coca-Colas? Es verdad...

Quizá ustedes no lo sepan y, en dado caso, les de lo mismo, pero para mí es un logro enorme, de esos que nunca creí lograría: estoy dejando mi amada y bendita Coca-Cola. Un buen susto de hace 3 meses me hizo tomar esta determinación, y ahora bebo más agua que un pez (claro, la cantidad que mi organismo me pide), y muy eventualmente me tomo una Coca-Cola. Y debo reconocer que durante años, muchos, quizá 20, mi única bebida fue esa chispeante y refrescante Coca-Cola. De hecho, mi desayuno a las 6 am, eran los últimos tragos de la botella que colocaba en mi buró, eso y el cigarrito. Pues a 3 meses, sin remordimientos y sin culpas y sin regodearme con la soberbia que suele carcaterizarme en el "yo pude", debo confesar: sí se puede. Yo ya pude. Durante 20 años, más o menos, tomé 2.4 litros de Coca-Cola día a día. Y en ese tiempo gasté, más o menos, 328 MIL PESOS!!!!! Bueno, como digo yo: nunca es tarde para comenzar a cuidarse, y de paso ahorrar una lana. Prometo que desde hoy echaré a la alcancía esos 45 pesos diarios. Quizá el ahorro me sirva para pagar una diálisis cuando mis riñones reclamen tanta bendita Coca-Cola.

Sin mediar palabras se dijeron todo...

Sin decirse nada, entendieron todo. Sin mediar palabra, se dijeron todo y nada. Así son las cosas de las despedidas y de los olvidos. Cada uno toma sus pertenencias, las que sobrevivieron al abandono, y en pequeñas o en grandes maletas emprenden cada uno el viaje de sus propios destinos. No hay rencores, sólo agradecimientos, de esos que se infieren con la mirada. Dios bendiga sus caminos.

sábado, 2 de junio de 2012

Una mujer llena de flores

Se despertó de madrugada. La comezón se hacía incesante y ya era muy molesta como para seguir durmiendo. De esas veces que uno cree que algo es lo suficientemente grande para interrumpir un sueño, ella despertó y se rascó la espalda. Lo que sintió al tocar su piel le causo pavor, terror. Y de inmediato corrió al baño a revisarse: le estaban creciendo flores en la espalda. Flores! F-L-O-R-E-S E-N L-A E-S-P-A-L-D-A!! Estuvo a punto de gritar, de llorar, de salir a despertar a media humanidad para decir lo que, en su corta visión del mundo y de la vida, consideraba un milagro. Pero no gritó y no despertó a nadie. Consideró, pasados los minutos, que era mejor callarse y disfrutar su espalda con olor a rosas y jazmines, a nardos y azucenas. Porque, hay que decirlo: su espalda no era sino más que un enorme ramillete de pétalos multicolores, suaves y sedosos, que cubrían toda la piel. Lo que primero causó terror, se volvió de inmediato en un bálsamo de paz y de tranquilidad que la inundó y la mandó a “viajar” de madrugada. Luego de varios minutos, ella regresó de su “viaje”, gracias a la comezón incesante que le provocaba tanta flor en la espalda. Decidió, usando su sentido común y obedeciendo a su cuerpo, meterse bajo el chorro del agua tibia de su regadera y esto, cabe destacar, le calmó de inmediato la comezón pero oh, sorpresa: las flores crecieron, abrieron. Pasados unos minutos, y ya a punto de amanecer, ella decidió irse a dormir. Quizá al despertar, se daría cuenta que nada de eso había ocurrido y sería uno de esos sueños que, juramos, son reales (así suele decir la gente). Dieron las 7 am, se levantó, atendió a su familia, los despachó al colegio, a las labores, y ella ni se acordaba de sus flores, hasta que decidió meterse a bañar para continuar su día. Y una vez en el baño, y mirando su desnudez (como suelen mirarse las mujeres al bañarse), casi pega el grito cuando descubrió que la rosa del pubis era, en efecto, una hermosa rosa, de tono rosa, claro, y en sus pechos brotaban nardos y, en su vientre, violetas. Gritó, lloró, asustada, terriblemente espantada de lo que le estaba ocurriendo, y en un arranque de miedo fue por unas tijeras y cortó, con inmenso dolor, cabe decir, todo su cuerpo. Ensangrentada, lloró y blasfemó, y volvió a llorar y siguió blasfemando, mientras curaba sus heridas con merthiolate y gasas. Y, como un segundo milagro que ella no entendió, sus heridas sanaron a la media hora. Y otra vez, el silencio inundó su pensamiento. Quedó su mente en blanco y se durmió, para sentir que todo había sido un sueño o una pesadilla. Al despertar, ni flores ni aromas ni recuerdos de lo que en principio creyó un milagro. Era, había sido un milagro y, como tantos milagros, éste pasó desapercibido.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Mis primeros 25 años en el periodismo de espectáculos

Hace 25 años trabajaba yo en Banca Serfín (ya ni existe esa razón social) y era, al mismo tiempo, estudiante de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad nacional Autónoma de México. Trabajaba, obvio, para mantenerme la carrera, pero mis deseos de entrar a trabajar a los medios era muy grande.
Hice, así, solicitudes en Televisa, y cuando me dijeron que iba a entrar de asistente del asistente en la producción de Enrique Segoviano, me rajé. No era lo que buscaba, en realidad.
Un día, de esas cosas que son del destino y de dios, llegó al banco una chava (Beatriz Sánchez Rosaldo, a quien le debo esta maravillosa aventura), que quería cambiar un cheque, y yo le pedí su identificación; al mostrarme su gafete de El heraldo de México, le indiqué que no era suficiente, que necesitaba una credencial oficial. Regresó al rato y me dio su IFE; sin embargo, y en vez de molestarse por hacerla regresar, hicimos plática y le dije que yo anhelaba entrar a trabajar a un diario. Me dijo: ve al Heraldo, están buscando reporteros.
Y así comenzó todo.
Entré a la redacción de El Heraldo de México un viernes 7 de marzo de 1987; llegué al salir del banco, y grande fue mi sorpresa cuando me dijeron que todos estaban trabajando en la entrega de premios heraldo (ese año, la ganadora del concurso El Rostro fue Angélica Rivera, hoy esposa de Enrique Peña Nieto), y que en ese momento no era necesario que me quedara. Que regresara al día siguiente. Pero no, no me fui; me quedé embobado por horas viendo trabajar a toda la redacción, escuchando el taca-taca incesante de las entonces máquinas de escribir (algunas computadoras, se suponían modernas; eran de pantalla verde y al terminar de llenar la pantalla, tenías que oprimir un botón para que saliera una cinta perforada y ésta había que levarla a galeras, para que te dieran una especie de foto de tu texto.
Eso, señoras y señores, me enamoró: el olor de la galera, la enceradora; los enormes bastidores donde se armaban las planas…
Desde entonces, nadie pudo contra eso: amo esta profesión por sobre todas las cosas.
Hoy se cumplen 25b años de este camino andado, en los que, pormenores más, pormenores menos, ha hecho lo que he querido y con la gente que más he admirado.
Desde mis primeras entrevistas con Emmanuel, José José, Daniela Romo, Marco Antonio Muñiz y otros más, hasta ser jefe de prensa de Salma Hayek, viajar con Luis Miguel a Europa, ser jefe de prensa de Televisa e infinidad de instancias y actores y cantantes, hasta mi paso por el terrible mundo de las drogas, del que pude salir airoso hace 12 años…
Esta historia es muy larga, pues está plagada de anécdotas, buenas y malas, pero todas aleccionadoras.
He entrevistado a Paul McCartney, a Jane Fonda, a Billy Joel, a Elton John… en fin, celebridades de todos los niveles y de todos los colores y sabores y, qué creen? Que sigue siendo una aventura fascinante cada día.
Gracias a todos, a todos los que han creído en mí y me han dejado colaborar en sus espacios, en sus medios; gracias a todos los que siguen creyendo en mí y me dejan colaborar de cerca en sus carreras, en sus actividades.
Son tantos nombres que me da miedo que alguno me falte, pero a todos los que, de una u otra manera han estado cerca de estos 25 años: gracias.

viernes, 10 de junio de 2011

¿Que los nuevos 40’s son los 30 de antes?

En unos 15 días, aproximadamente, cumpliré 46 años.
Como me dijo Julieta, mi esposa: nunca pensé en que un día tendría… Vaya, los que ella tiene, que son muchos menos que mis 46.
Y, bueno, pues yo tampoco nunca lo pensé. Que yo tendría 46, no que ella tendría… los que sean.
Y, como esas cosas que uno está dispuesto a escuchar, leer o atender cuando te ocupas de algo (ya sabes: la canción de desamor cuando acabas de romper con la galana; la dieta cuando estás en régimen; los daños del cigarro cuando estás intentando dejarlo, etcétera), esta semana he hablado con 4 amigos respecto a esto de la edad: 46 años.
Que si los nuevos 40’s son los 30`s de antes; que si uno es lo que uno proyecta o que si, wa, wa, wa, waaaaaaaaaa….
Nada. Estamos rucos.
Recuerdo cuando veía a mis padres en esta edad, y ya eran rucos! Muy rucos! Y, conste, no tengo nada en contra de la ruquez, porque estaría en contra de mi actual estado físico.
No, si ser ruco es chido, dirían.
Se tienen, neta, miles de ventajas por sobre ser joven: experiencia en todos los terrenos. Vaya, que de eso se trata la vida, no? De ir acumulando experiencias que nos permitan vivir felices.
Contra la juventud, tenemos una ventaja los rucos: en esta edad, aunque aparentemos estar atentos de todo y ser preocupones, la neta es que somos más vale madres con más cosas que cuando éramos jóvenes. En serio! Ya sabemos, pues, que al final del día no pasa nada, y que si pasa, hay que arreglarlo. No?
Somos menos aprehensivos que los jóvenes, porque aunque parezca que la nueva sociedad joven tiene menos apego por las cosas materiales y por las personas, la verdad es que es todo lo contrario: ellos sufren por usar una marca; nosotros la usaremos o no, pero no nos va la vida en ello, cierto? Yo, con que mi chingada BlackBerry pinche mil pesos me funcione, me basta y sobra. Yo, si mi Jaguar tiene un rayón, me vale madres; con que me leve y me traiga (jajaja, no tengo siquiera automóvil porque, neta, es una de esas 20 mil cosas que no necesito y no he necesitado para vivir). Y si una persona se va, la neta, no me agüito ni me acongojo. Me servirá, acaso, de pretexto para chelear y entintarme el alma, y al día siguiente, a seguir caminando. Mi hija, por ejemplo, anda en la sufridera por el noviecito. Pobre, es lo único que quisiera evitarle y es lo que menos puedo hacer: que sufra por un pendejo.
Le sigo?
Naaaaaaaaa. La verdad es que cada etapa tiene sus cosas lindas, y adecuarse en tiempos y en circunstancias es el gran valor de saber vivir cada uno su edad, su etapa.
Yo, listo para mis 46 años, he dejado de fumar hace dos meses, y estoy listo para retomar mi dieta porque, mal que bien, si no soy joven, no quiero sentirme de plano muy jodido y me gustará verme, con mis hermosos ojos verde, una vez más al espejo y decir: confieso que he vivido.
Creo que lo mejor, para mí, es no comprarme con los cuarentones de antes ni con los 20 añeros que fuimos hace 30… Yo, la neta, disfrutaré mi cumple si ese día tengo a mi lado a la hermosa mujer con la que me he casado y a la que tanto amo; la dulzura de mi hija, diciéndome sus “duh!”, el escándalo y el juego de dos pequeñines que se suman a la familia, y quizá, y sólo quizá, un buen plato de mole con pollo, ahora que todavía puedo comerlo sin que el estómago me haga desfiguros. Claro, y el resto de la familia, esa que es mi verdadera raíz y mi guía: mi madre, mis hermanas y sobrino.
Espero, también, un buen tequila y una tarde llena de sol y sombras. Eso será siempre disfrutable, así sean 46 ó 56 los que se cumplan.
Salud!

martes, 13 de julio de 2010

Acabo de cumplir 45 años

A mis 45 años: 45 trazos, 45 trozos de mi existencia.
Acabo de cumplir 45 años; caray, miro hacia atrás y veo que la vida se me fue volando, y veo también que, al paso del tiempo, he encontrado la manera de que los juegos y los sueños sigan apareciendo en este espacio que habito. Así, la vida para mí siempre ha sido un juego; en ocasiones más divertido que otras, pero un juego en el que, si no me divierto, dejo de entender a qué diablos vine a este mundo.
Éste es el que soy, o lo que soy: un hombre de mediana edad (nunca he entendido si mediana se refiere a que estoy a la mitad de los años que viviré, o mediana del promedio de edad de la población) que apenas comienza a vivir porque al tiempo, he entendido que el pasado es como una especie de laboratorio, de experimento en el que fui descubriendo qué sí y qué no para mi vida.
Digamos, pues, que a mi edad, sé perfectamente lo que quiero y lo que no quiero para mí y para quienes amo, que son quienes comparten mi vida.
Llegar a los 45 años, con la experiencia de vida que traigo a cuestas, me hace irremediablemente pensar en que no puedo arrojar piedras, que no estoy libre de pecado, que he vivido, pues. Así, en estas reflexiones que suele hacerse uno al llegar a cierto ciclo, pienso puntualmente en ciertos momentos de mi existencia:
1.- Nacer. No tengo memoria de eso, pero debo haber llorado infinitamente, porque a la fecha sigo siendo chillón por todo y con todo.
2.- Los primeros años: una vecindad en la colonia Doctores, cuando un juguete, por simple que fuera, llenaba las horas. Una posada navideña, de esas muy populares, y la música de La Sonora Santanera, el olor de la parafina quemada, el olor de las frutas de la piñata, el olor del ponche, y las risas y bailes de los vecinos.
3.- Mis idas a la tiendita de al lado: compraba unos chicles que traían envoltura de papel, y luego de abrirlo, pasabas un cerillo por detrás y aparecía, misteriosamente, un mensaje, o los otros dulces: unas pastillas envueltas en celofán rojo, que colocabas sobre la parte posterior de la envoltura de papel, y aparecía un dibujo. El maldito gato del tendero, que siempre, siempre, me sacaba un susto. Las Coca-colas de mi papá “bien frías”, decía él.
4.- Mi llegada a Villa Coapa, a los 2 años y medio: un pollo rostizado en el jardín, y unas Barritas de fresa, que traían una hélice-rehilete para jugar; horas y horas arrojando el juguetito. Y la perspectiva de una nueva y mejor vida.
5.- A los 3 años, perderme en Cuemanco, con Beto, Neto y mi hermana Gabriela; fuimos a recolectar renacuajos, y no supimos regresar. La cagotiza de mi mamá cuando nos encontró.
6.- Los juegos infantiles: trepar árboles, saltar de edificios, quemar macetones, hacer fogatas en el jardín, jugar quemados, bote pateado, escondidillas, coleadas y demás que dejaron raspones y varios, muchos sustos a mis padres.
7.- En ese anhelo de “crecer”, de ser “grande” y, en aras de, cometer pendejadas más graves: a los 10 años, la vecinita, de 15; lo menos, diré, que aprendí también a fumar, aunque en ese entonces no se hizo vicio… El cigarro; ella, sí.
8.- Cambiar de amigos, dejar los juegos, los juguetes; la infancia, un amigo que se fue…
9.- La llegada de la adolescencia, la escuela Secundaria y esa cosa de sentirme importante porque a mis 12 años, iba y venía solo a una distancia considerable; tomaba el Metro y un camión para llegar a mi casa. Jorge Luis, Luis Alejandro, Francisco Hugo… mis primeros mejores-mejores amigos, la maestra de español y la poesía como un gran regalo de esa materia.
10.- La decisión de estudiar la preparatoria Agrícola, en la Universidad Autónoma de Chapingo: sí, quise ser Ingeniero Agrónomo Forestal, y ahí sí, la independencia a los 15 años: vivir solo, becado, y mantenerme yo con mis recursos.
11.- Echarme para atrás en la decisión anterior, y saber que el apoyo de mi papá fue definitivo: encuentra lo que más te apasione; no pierdes un año, ganas una experiencia; sabiduría que intento aplicar con mi hija.
12.- Regresar de Chapingo con 20 kilos de más. Entrar a la Prepa y, OMG! Descubrir que las compañeritas despertaban sueños e inspiraban al poeta de cajita de cereal.
13.- Cursar la Preparatoria, y enfrentarme al primer gran reto de mi vida: bajar 30 kilos, dejar de comer en exceso, hacer ejercicio, y lograr tal meta en 6 meses. Orgulloso de mí mismo.
14.- Enfrentar el miedo de “declararme” a la primera novia: pelirroja, pecosa, pecosa, pecosa ella. 5 años de mi vida, creyendo que eso era lo que esperaba…
15.- A mis 16 años, mi primer trabajo oficial: “jefe de piso en Sears”, trabajo eventual, pero trabajo; desde entonces cotizo al IMSS.
15.- La Universidad, mis gloriosos 18 años y el mundo, un bocado para ser tragado sin masticar. Las fiestas, los bailes; las primeras borracheras, y la primera gran responsabilidad:
16.- Escuchar el diagnóstico del médico: cáncer. MI padre. Un dolor que a nadie le deseo. Y entrarle a la chamba en forma, a los 20 años, para mantenerme la carrera y aprender a trabajar en serio, por si acaso había que apoyar a la familia.
17.- Salir de ésa y entrarle al baile y a la fiesta, al ligue por el ligue y sentirme que, en verdad, el mar era poco para hacer un buche.
18.- Llegar, por causalidad o por casualidad, a la redacción de un periódico que ya ni existe: EL Heraldo de México, y sentir, así de golpe y porrazo, que ahí era donde quería pasar el resto de mi vida: haciendo periodismo de espectáculos.
19.- Mis primeras entrevistas, un jovencito lleno de adrenalina, de miedo, de emoción, y darme cuenta que en la Universidad nada había aprendido acerca de este oficio que elegí de profesión. Recuerdo que mi primera entrevista fue tirada a la basura, por mala, mala, mala…
20.- Pasar 8 meses en un trabajo en el que no me pagaban, pero yo quería aprender y, al tiempo, demostré y me demostré que había elegido bien. La entrevista con una de mis tantas tías que me adoptaron: Kitty de Hoyos, por ella tuve mi primer sueldo de periodista.
21.- Ir a los cientos de cocteles y presentaciones de discos, premieres de cine, estrenos de teatro y conciertos, como el nuevo de la fiesta.
22.- Mi primer viaje en avión: San Luis Potosí, y mi primer viaje internacional: Anaheim, Dinsey World, y yo, con tanta hambre y, el mundo, tan chiquito!
23.- Mi primera columna a los 23 años, y mis primeros trabajos fuera de la redacción: ser jefe de prensa de Lucía Méndez y de Salma Hayek, a’i nomás!
24.- Crecer dentro y fuera de la redacción: Arturo y Raúl Velasco, amigos y padrinos, me impulsaron a brincar una cerca.
25.- Ser el primer jefe de prensa de OCESA y chutarme, de a gratis y cerquititita, los primeros conciertos de Billy Joel, al tiempo que me nombraban el jefe de prensa del Primer Festival Acapulco.
26.- Gozar de tanto trabajo y reconocimiento, y meterme por primera vez un “pase” de cocaína, pensando que salvaba la historia, la mía, sin darme cuenta que comenzaba a caer, a caer, a caer muy profundo.
27.- Nueva York, la ciudad donde quisiera vivir; Paulina Rubio y la lambada en una discoteca neoyorkina; el caviar, la champaña y una limousina, el Waldorf y la que creía era mi vida. Una noche de locura y de locuras.
28.- La muerte de mi jefe y el inmediato nombramiento: editor de la Sección de Espectáculos de El Heraldo de México.
29.- Nombres, nombres, nombres; personas cercanas de las que sólo recuerdo los buenos momentos, las noches locas y los sueños rotos.
30.- Mi primer viaje a Europa: Monte Carlo, en el grupo de invitados especiales de Luis Miguel. Un trompo a la uña.
31.- Mi nombramiento como Jefe de Prensa de Televisa: la tablita pa’l mareo y el desequilibro.
32.- Casarme, sin estar enamorado, sin estar ilusionado; descalabros que creía habían roto la ilusión y la esperanza, la certeza de que nunca encontraría una pareja, me hicieron tomar decisiones raras, extrañas, absurdas, por las cuales sigo pagando y aprendiendo.
33.- El nacimiento de mi hija; una noche de locura en mi consumo de sustancias; una noche en que pude haberme reconciliado con la vida; esa noche… ah, qué noche! Y ella, tan pequeñita, tan frágil y tan fuerte, mirándome a través de un grueso cristal. Apenas susurré la palabra y ella abrió los ojos. Desde antes, desde siempre, supe que tendría una conexión especial con Ximena; Ana Ximena, así, completo. Y, al poco tiempo, un gran dolor y la primera gran ausencia: la partida de mi padre, que aún lloro sin que nadie me vea.
34.- El divorcio, la ruptura y el abandono absoluto a merced de la droga. Me recuerdo tirado en mi cama, con la nariz sangrando, con mi cabeza a punto de explotar y con una sola idea: escapar de mi mismo.
35.- Noches de insomnio y soledad de mi mismo; ausencia de razón y entendimiento; gritos de dolor, ayes lastimeros que herían la piel y las entrañas. Cuánto dolor, cuánto sufrimiento, y yo, sin encontrar salida a nada.
36.- La llamada de un amigo y la puerta abierta a la salvación: Leonardo Stemberg y su maravilloso curso de Contranalisis. Mi regreso a una buena chamba y mi última frontera, mi primera y última batalla contra la droga.
37.- El recuerdo triste de mis noches empolvadas, y las ganas conscientes de salirme de esa prisión que yo mismo había forjado. El triunfador aquel no era ya ni sombra de lo que había construido en tantos años. Apenas el recuerdo de un yo que fui, y ya no era.
38.- Mis 4 años en Contranalisis, gozoso de ver a tantos y a tantos abandonar dolencias, vicios, malestares. Aprenderle al barbón amigo tanto y tanto. Resolver mi vida en 9 meses, como si hubiera muerto, como si hubiera vuelto a nacer. Volví a nacer, de hecho. Y nacer tuerto, y durar así 5 años.
39.- Regresar a mi oficio, apoyado por una amiga que admiro y quiero: Flor Rubio, quien me dejó entrar a La Oreja: otra vez, la aventura de la entrevista, el reportaje y la nota que todos comentaban.
40.- Rescatar a una niña, mi hija, pelear por ella, emprender una ardua batalla hasta lograr el cometido: ser papá soltero de mi adorable Ximena; ésta, la más grande aventura jamás contada. Y recuperar la vista, recuperar el ojo izquierdo. Dos milagros en un año, y mirar al cielo para agradecer a dios por tanto y tanto.
41.- Salir de La Oreja e irme a El centro, el periodismo que me gusta hacer: de investigación, serio, profundo, y sí, mi experiencia, mis conocimientos y mis contactos me valieron grandes notas, grandes reportajes que causaron escándalo en el medio. Tanto, que una de mis entrevistas fue causa o motivo para que Televisa vetara al diario y a mí me corrieran junto con el director Miguel Castillo.
42.- Aprender a caminar solo, una vez más, en una alternativa de mi oficio: hacer RP de celebridades, y así, asociarme con un amigo para crear una agencia.
43.- Vivir solos mi hija y yo; nuestra primera noche en nuestra casa, una fiesta de almohadazos, de risas, de pizzas y buenos recuerdos.
44.- A 9 años de haberme sanado, encontrar al amor de mi vida; una mirada que cautiva, una sonrisa que ilumina y unos labios que me hacen volar. Sentir que la vida es una gran oportunidad y que nunca, nunca sabrás las sorpresas que te depara. Lo he dicho una y mil veces: fue mirarla y comprender que siempre la busqué sin saberlo, pero que en esa mirada quería vivir el resto de mis días.
45.- Este momento aún no se escribe, aún no se vive, aunque está planeado y contemplado. Faltan apenas unas cuantas horas para iniciar una de las etapas más intensas, importantes y emotivas de toda mi vida.
Esto soy, esto he sido; apenas pinceladas de recuerdos, en tonos grises y pasteles, a veces en vivos y espectaculares brochazos de impresionismo; a veces, el realismo rebasado y otras, apenas trazos y trozos de vida.
Estos trazos, estos trozos no son todos los que forman mí existencia, pero quizá sean los más significativos, los que quiero recordar, los que quiero que se recuerden si a alguien le interesa.

Hoy, ya tengo 45 años. Vamos por más. Celebremos la vida, ¡hagamos del día a día una fiesta!